DOCE MESES Y DIECIOCHO DÍAS DESAPARECIDA. El frío del suelo de cemento pasa a través de mi ropa. La única fuente de luz es la poca que se cuela por alguna ventana. Aunque desconozco su ubicación exacta, sé que está a mi izquierda. Es difícil distinguir el paso del tiempo en este lugar. Los ruidos ocasionales de ratas husmeando en las esquinas y el molesto goteo de un grifo viejo son los que rompen el silencio cuando sé que me quedo sola al cuidado de alguno de ellos. Por lo general dejan al que llaman Solete. Trato de recordar a detalle el inicio del secuestro, el forcejeo, voces amenazantes y luego, el vacío. Lo que me pregunto una y otra vez es qué estará pasando en mi casa, en casa de José Luis… Me atormenta pensar en lo que sufre Luis estando enfermo. Ya de por sí sobrellevaba lo de

