CAPÍTULO VEINTIUNO Darius sentía como cada músculo de su cuerpo quemaba mientras colgaba a tres metros del suelo, colgando por las manos de una caña de bambú. Cada músculo de su cuerpo le suplicaba que se soltara, que cayera al suelo, que cediera a la dulce liberación, pero él no se lo iba a permitir. Estaba decidido a pasar la prueba. Gimiendo, Darius miró alrededor y vio que docenas de sus hermanos de armas ya habían caído al suelo, soltándose de sus cañas, incapaces de soportar el dolor de estar colgados. Estaba decidido a aguantar más tiempo que ellos. Era uno de los rituales de su entrenamiento, ver qué chico podía aguantar más antes de caer, una de las maneras de ganarse el respeto de los demás. Sólo otros cuatro chicos quedaban colgando y él se había propuesto superarlos; como er

