Capítulo 3: El señor Miller
Me quedé deslumbrada otra vez sin querer realmente quedarme como una completa estatua, pero aquí estaba.
Como la mismísima roca esculpida más cogelada que un muñeco de nieve en pleno invierno.
Él también me observaba con fijeza pero no sé si esta sorprendido o está reconociendome, se mantiende sin expresión, sus ojos azules parecen traspasarme, no sabría decir si me reconoce o no. Su vestimenta elegante e impecable, el olor impregnándome por completo que llena el ascensor, lucía más impresionante que ayer si eso era posible, noté que su cabello es muy sedoso, su mirada muy penetrante, su altura, su musculatura, todo llama mucho la atención de este hombre.
Noto de repente que las puertas empezaron a cerrarse. Inmediatamente él reaccionó para presionar el botón y evitar que se cerraran.
—Hay sitio para los dos, Bella.
Su voz profunda me erizó la piel, es como si me acariciara con la lengua y me mordisqueara con los dientes, sentía que me estaba haciendo el amor solo con mirarme.
Debía de estar muy mal.
Necesitaba aclarar mi cabeza y dejar de pensar en sexo frente a este hombre.
Reaccioné rápidamente y entré al ascensor, él soltó el botón y retrocedió. Yo busqué el botón que mágicamente se me había desaparecido, lo encontré y lo presioné a planta baja sintiendo que empecé a temblar pero para mi sorpresa ya estaba marcado.
—Gracias. —dije reaccionando por su amabilidad.
Un momento, este hombre dijo mi nombre ¿Cómo podía saber mi nombre? no recordaba...
Entonces recordé que él me había dado ayer mi tarjeta de identificación cuando se me cayó, de seguro la vio ahí, no es como si fuera un acosador o algo así, solo vio mi nombre ahí y quiso ser amable; nada más.
De seguro era así con todas.
Inmediatamente me regañé porque estaba compartiendo el ascensor con él. Sentía que me estaba ahogando, su presencia tan cerca de mí, la atracción estaba ahí otra vez.
Calor.
Mucha calor.
Cerré los ojos tenía que calmar los latidos de mi corazón.
Ese magnetismo s****l que no me permitía dejar la mente tranquila y pensaba miles de fantasías con él.
—¿Qué tal tu primer día aquí? —preguntó de la nada el sexy desconocido como si quisiera empatizar conmigo.
Me quedo de piedra otra vez, una porque me saca conversación y otra porque sabe que es mi primer día.
Voltee a mirarlo y al ver que era un error porque me encuentro otra vez perdida ante su deslumbrante belleza, volví a mirar al frente diciendo:
—Excelente —dije controlando mi tono de voz a uno completamente neutro y profesional—, ¿y a usted?
Realmente me quedé sorprendida de mi control, si por dentro estoy más temblorosa que cochino en navidad.
Sentí que sus ojos me recorrían con la mirada todo el rostro, pero yo no dejé de mirar al frente las puertas de aluminio. Notaba el corazón acelerado dentro del pecho y el estómago agitado.
Solo necesitaba escapar o correr despavorida al sentir que la intensidad era cada vez más torturante.
—No es mi primer día —contestó con algo de ironía en su voz—, pero ha estado bien y se pone mejor.
No sé por qué mis mejillas se sonrojan.
Afirmé con la cabeza y sonreí un poco solo por cortesía aunque solo quería huir.
El ascensor se detuvo en el piso 7 y entró un simpático grupo de tres personas que hablaban animadamente entre ellas. Me moví hasta el otro rincón para hacerles sitio, separándome así del hombre que tenía por tarea revolverme las hormonas.
Pero mi plan falló porque él también se rodó hacia atrás y se acercó a mi lado colocándose a mi lado. Se arregló el ya perfecto nudo de la corbata y, al hacerlo, me rozó un brazo con el suyo, dejé de respirar al sentir que todo mi cuerpo se calentó en cuestión de segundos por el simple roce.
Mi traicionera mente pensando en voltearme hacia él y devorarle la boca mientras le arrancaba la ropa, que me pegara de la pared del ascensor sin importarnos nada ni nadie. Él es muy alto y sus zapatos eran talla grande, uhm, ¿De qué tamaño tendría su...?
Basta, ¿por qué estaba pensando esto?
Cuando el ascensor llegó a planta baja, suspiré de alivio. Esperé
impacientemente a que se vaciara y, a la primera oportunidad, di un paso adelante. Me puso una mano en la parte baja de mi espalda para ayudarme de algun modo a salir o dirigirme, pero yo sentí que me estaba quemando, ardiendo, retorciendo, podía sentir su toque traspasar la tela de mi camisa.
Voltee hacia él cuando terminamos de salir del ascensor, y me soltó, él también me miraba, sus ojos casi traspasándome.
—¡Bella!
Escuché la voz de Nicolas, él estaba apoyado tranquilamente de un muro esperándome en el vestíbulo, lo cambió todo. Nicolas se acercó y el desconocido que me revolvía las hormonas se fue de mi lado dejandome como toda una calenturienta que miraba por donde se había ido.
Vaya, pero que hombre.
Mordí mis labios.
Nicolas dijo:
—Ese es el tipo que viste ayer, ¿a que sí? Está bien guapo lo admito.
—Sí, sí, era él —dije apenas recuperando el aliento.
—¿Trabajan juntos? —preguntó tomándome del brazo y salimos del edificio para irnos bajo la brisa fría.
—No sé quién es o como se llama —admití—, pero él sabía mi nombre, y me ha preguntado que si había estado bien mi primer día, así que supongo que sí trabaja ahí.
—Oh... alguien interesado en nuestra linda Bella —sonrió—, deberías invitarlo a salir o hacerle una mamada cuando compartan nuevamente el ascensor, de seguro que le gusta.
Le entrecerré los ojos.
—No digas tonterías —me limité a decir.
Pero muy dentro de mí, me di cuenta de que eso era lo que él creaba en mí; deseo.
Esperaba... no volver a coincidir con él.