Ipanema, Rio de Janeiro. Sale Maya del mar, como una hermosa sirena. Las miradas de los caballeros en la playa, se posan sobre ella, su firme e imponente anatomía no pasa desapercibida, Alan lo nota y se le acerca con la toalla, con la intención de cubrir su bien moldeado cuerpo. —¡¿Estás celoso?! —murmura Maya con picardía. —Realmente no, ellos no tienen el privilegio de abrazarte, acariciarte y besarte como yo—presume Alan, mientras la llena de mimos. —Tonto. Mejor vamos a comer, muero de hambre. —Quiero probar, todas estas delicias caribeñas. Caminan por la playa, hasta llegar a un pequeño restaurante. Los atienden muy gratamente, mientras esperan se disponen a conversar un poco. —¿Te ha gustado Brasil? —Mucho querida, hasta quisiera que tengamos una casita en la playa. Es muy

