Sophie esperaba en aquel apartamento de cuarta, era el barrio más pobre de Genesee, y un edificio barato. Abrió la puerta y un hombre entró cargando a Merybeth en brazos —Llévenla a la habitación —ordenó con desdén Los hombres obedecieron, ella estaba por pagar —¡Denme el teléfono móvil! Los hombres se lo dieron con algo de fastidio, ella les pagó, contaron el dinero en sus narices, y luego se fueron. Sophie esbozó una cruel sonrisa y fue hasta aquella habitación, miró a su hermana tendida sobre la cama, estaba dormida, parecía tan frágil como una pequeña muñeca y Sophie la miró bien —¿Te creíste muy lista, Merybeth? ¡Mira donde estás ahora, justo dónde yo quise! —exclamó con odio en su mirada Sophie se acercó a ella y le quitó la blusa, dejándola solo en sostén, luego la empujó

