Joe estaba en la celda, tenía la mirada perdida en la nada, pensaba en Merybeth, la había soñado, ella venía a su mente, como una esperanza para sobrevivir. Cuando, de pronto, uno de los carceleros abrió la puerta, dejándolo salir —Es libre, puede irse. Joe estaba impactado, pero aprovechó para salir a toda prisa, afuera encontró a su madre y la abrazó —Solo debe firmar estos papeles, todo ha sido un error. Joe frunció el ceño y salió junto a su madre. —Mi amado hijo, ¿Estás bien? —¿Bien? Sí, madre, estoy bien, ¿Qué fue lo que pasó? ¿Cómo conseguiste que me dejaran libre? —exclamó Joe —¡Eres inocente! Cariño, es obvio que quedarías libre —dijo Regina, y tomaron el auto para ir a casa. Merybeth abrió los ojos, estaba recostada en la cama, aun sintiendo los brazos fuertes de Sean qu

