DARKO El chorro de agua fría impacta contra mi pecho con la violencia de mil agujas, obligando a mis músculos a contraerse en un espasmo inútil. Siento que el cráneo me va a estallar; cada latido es un martillazo tras las sienes. Tengo la garganta tan reseca que tragar se siente como masticar vidrio, y el estómago es un nudo de dolor sordo. Una neblina espesa, química y pesada, me nubla el juicio; es el rastro de los tranquilizantes que me inyectaron hace horas, después de que lograra quebrar mis cadenas en un estallido de furia al ver que intentaban tocar de nuevo a Agustín. Maté a tres hombres antes de que el sedante me robara la consciencia. Ahora, la niebla roja de mi instinto ha retrocedido, dejándome más encadenado que antes y con una debilidad que me drena el alma. Travix sigue hu

