Anne Hoy en la tarde terminó la junta y yo estaba en mi oficina con Loan, revisando algunos planos y presupuestos que no podían esperar. —¿Qué tal el nuevo accionista? No dejabas de verlo… —me dice, con esa mezcla de curiosidad y sarcasmo que siempre tiene. Reí fuerte, casi sin ganas. —No te hagas la ingenua, Anne —insiste, arqueando una ceja. Lo miré con frialdad, como siempre. —No estoy interesada en tonterías, Loan. —Mi voz suena cortante, más distante de lo que siquiera quise. Él suspira, resignado, y se sienta frente a mí, apoyando los brazos sobre la mesa. —Vamos, no me digas que no viste la forma en que te observaba. —No es asunto mío —le respondí, sin apartar la vista de los planos. —Anne… —dijo, bajando la voz—, sé que eres fría y distante, pero te vi alterada más de u

