-- Entrando a mi oficina, la luz del sol aún no se colaba entre los edificios. Tenía mucho que adelantar, cada minuto contaba. Quería esa luna de miel en Venecia, y para eso, el trabajo debía estar impecable. _ Buenos días, hermanito. Natasha, mi hermana y a veces mi socia, me saludó con su habitual energía. Era un torbellino, pero en lo laboral, una genio. _ Hola, mi consentida. Quiero aclararte unos puntos que hay que resolver en Perú. Mientras nos sentábamos para nuestra charla laboral, la puerta se abrió de golpe y algo pesado impactó en mi cabeza. Un dolor punzante y la sensación cálida de la sangre corriendo por mi sien. _ ¡Si te casas, te mato! ¡No me dejarás por una… por una cualquiera llena de hijos, me oyes? Gritaba Julieta, mi ex, la locura hecha mujer. El golpe me había

