Por más de tres días, mi padre se había enojado conmigo nada más por la posición de mi cuello. Sin embargo, nunca llegó a golpearme. Incluso una vez, cuando rasque mi cuerpo por un zancudo, mi padre envío mercenarios para castigar al que lo provocó. Aunque había sido técnicamente culpa suya y del zancudo, otras personas resultaron heridas. Un día, mi padre miro fijamente a un mayordomo que se acercaba. -No puedes fallar. -dijo en un susurro- recuerda que el futuro de tus hermanos menores descansa sobre tus hombros hoy. -Si padre... Cuando por fin, el carruaje de los Suárez se detuvo, el mayordomo se acercó a mi padre. -Venga por aquí, señor Suárez. Tan pronto como entramos al castillo, el olor a polvo entro en nuestras narices y se quedó pegado en la parte superior de nuestras cabe
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


