XXIII

2548 Palabras

XXIIIDesconcertada para muchos días quedó Abelarda después del largo diálogo aquel con Víctor; pero ponía la infeliz tal arte en evitar que su madre y su tía comprendieran el estado de su ánimo, que lo lograba al fin. Desde el día posterior á las incomprensibles declaraciones de Víctor, notó á éste taciturno. Evitaba encontrarse solo con su cuñada; apenas la miraba, y ni por incidencia le dirigía palabra alguna. Creyérase que un delicado asunto personal le traía caviloso. Transcurrido poco tiempo, observó Abelarda que estaba de mejor temple y que le echaba miradas amorosas y lánguidas, á las que ella, sin poderlo remediar, respondía con otras inflamadas aunque rapidísimas. Delante de la familia le hablaba Víctor; pero á solas ni jota. Estaban, pues, como los que se aman y no se atreven á d

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