XLINo pareció Víctor en toda la noche; pero á la mañana, temprano, fué á reiterar la temida sentencia respecto á Luis, no cediendo ni ante las conminaciones de doña Pura, ni ante las lágrimas de Abelarda y Milagros. El chiquillo, afectado por aquel aparato luctuoso, se mostró rebelde á la separación; no quería dejarse vestir ni calzar; rompió en llanto, y Dios sabe la que se habría armado sin la intervención discreta de Villaamil, que salió de su alcoba diciendo: «Pues es forzoso separarnos de él, no atosigarle, no afligir á la pobre criatura». Asombrábase Víctor de ver á su suegro tan razonable, y le agradecía mucho aquel criterio consolador, que le permitiría realizar su propósito sin apelar á la violencia, evitando escenas desagradables. Milagros y Abelarda, viendo el pleito perdido, re

