CAPÍTULO 2:

1530 Palabras
—¿Lista?—alza la vista y asiente, la mano de Ashter se coloca en la zona derecha de su cintura y la otra toma su mano izquierda antes de ambos salir al escenario siendo recibido por el júbilo del público. Luna se mueve, toma las notas y las saborea mientras se deja llevar por la tonada: giro, salto, sonrisa y giro, levanta las manos, se deja caer en los brazos de Ashter, tensa cada músculo, piernas y abdomen, mientras intenta mantenerse tan ligera como una mariposa incluso si la rabia se destila en el baile con el bamboleo del hermoso vestido celeste que lleva puesto, un último movimiento, ambos quedan frente a frente, de pie, sudados y jadeantes, dando media vuelta y apartando la mirada. Los presentes aplauden poco a poco, gritando y chiflando. Luna siente poco a poco como sus latidos se normalizan, más la sensación en su estómago incrementa, el zumbido solo se hace más evidente, ambos se toman de las manos, reverencian al público y salen de allí. —Lo hicimos, preciosa, lo hicimos—jadeó Ashter en su oído, dándole un enorme abrazo, Luna asintió siendo tomada por las emociones, todas explotando dentro de su pecho. —Lo hicimos. Sabe que nadie más vendrá a felicitarlos, pero está bien, ellos juntos pueden contra todo, incluso si siente que toda esa felicidad sólo puede ser efímera, quiere saborearla hasta el final. —Chicos, tienen cambiarse y alistarse para la fiesta, deben estar deliciosamente atractivos—el chillido emocionado de una de las estilistas al caminar hacia ellos casi la deja sorda, ambos amigos se separan, la mujer de cabellos rubios y labios pintados de un furioso rojo sonríe con emoción—¡Rápido, rápido!. Ya tengo sus vestuarios listos. —No creo que sea necesario, Elliana, tenemos nuestro propio cambio de ropa—la mujer alzó una ceja en completo desacuerdo con sus palabras, Luna tomó la mano de Ashter, intentando tranquilizarlo. —Es una pena, porque usarán lo que yo he elegido y lo que el jefe le ha dado el visto bueno. —Pero... —Está bien—intervino Luna, la estilista parecía satisfecha consigo misma, dando media vuelta y saliendo de allí—Sabes que no tenemos opción—espetó hacia Ashton, quien gruñó enojado, alejándose, intentando no mirarla a los ojos. Luna se mantuvo con la vista en la espalda de Elliana quien ya se había alejado lo suficiente, miró alrededor, allí donde otros bailarines también cumplían indicaciones. —Somos bailarines no putas de burdel—Luna sonrió ante las palabras de Ashton, sin gracia, tragando en seco y tomando una larga inhalación, volteando a ver al rubio, acariciando la pálida mejilla, alejándose hacia su silla, comenzando a retirar su maquillaje. —A veces no sé si realmente eres muy inocente o solo demasiado tonto, querido. Ashton no dijo nada, Luna lo tomó como una respuesta de que, más que tonto o inocente, no quería aceptar que incluso ahora, seguían sin ser nada. «Por aquí las cosas no cambian muy a menudo, y cuando lo hacen no es para beneficio de los más jodidos», recordó, sonriendo con labios apretados y mandíbula tensa, retirando poco a poco todo el maquillaje, oscuro y dramático, hasta que su rostro quedó totalmente limpio. Se miró en el espejo, comenzando a darse algunos toques de polvos y cremas por aquí y por allá, desviando la mirada alrededor, a sus compañeros de baile que iban y venían, susurrando, gritando y riendo, viviendo su momento como si no hubiera un mañana, alzó la vista a Elliana quien había regresado con su conjuntos y el de Ashton, quien estaba sentado en el tocador a su lado, ambos intercambiaron miradas y aceptaron la ropa. Luna se mordió la lengua para no maldecir y gritar improperios, prefiriendo terminar de maquillarse, esta vez tan sutil que casi podría parecer natural. Se levantó y metió al camerino, observando el vestido n***o y corto, que parecía un mosquitero más que una pieza de ropa para asistir a una fiesta, eran puras tiras, con un pronunciado escote, y toda la espalda a la vista, con una estilo de tela de encaje a los lados en la zona de los muslos y las costillas, con cuero en los senos y parte delantera, corto y ajustado a más no poder, con unos tacones finos e incómodos como nadie. Se dejó el cabello suelto intentando disimular un poco, cubriendo ambos escotes, mirándose al espejo, no le gustaba, menos cuando ni siquiera usaba tales prendas por gusto propio, pero, sonrió al espejo. ¿Desde cuándo tenía tantas oportunidades? Después de esto finalmente podría comenzar a tomar sus propias decisiones, necesitaba hacerse de un nombre, o nunca dejaría de ser el contenedor de basura en el que todos pueden dejar su mierda. —¿Estás lista?—la voz de Ashton se oía a través de la puerta de corredera. Luna salió con prisa, encontrando una mueca amarga y el cuerpo trabajado del rubio en una camisa transparente y pantalones ajustados, así como zapatos de vestir y el cabello largo recogido en una coleta. Luna se acercó y dejó caer la mano en su espalda, acariciando lentamente, Ashton la miró intentando apoyarla de igual forma, besando su frente y dándole un corto abrazo. —Solo un poco más—susurró mirándola a los ojos. —Solo un poco más—devolvió ella, tomando una larga inhalación, asintiendo, y saliendo de allí. —¡Buenas noches, cachorros!—el tono engañosamente dulce de Derek sonó a través de la habitación, Ashton se tensó y Luna como si ella realmente pudiera hacer algo por él se colocó delante, incluso si Derek estaba lo suficiente lejos de ambos—Hoy ha sido una noche que solo puede tomarse como magnífica, y es todo gracias a ustedes—el alfa observó alrededor, con una sonrisa de dientes blancos y ojos brillantes, Luna apretó las manos en puño—Hoy habrán invitados muy importantes, espero de vuestra cooperación para hacerlos completa y satisfactoriamente felices—la mirada de Derek se detuvo en Luna y Ashton—No quiero incidentes. ¿Entendido? La respuesta fue un coro de afirmaciones. Luna y Ashton no se alejaron del otro en ningún momento, ni siquiera cuando fueron asignados a los autos que los transportarían al destino de la fiesta, un hermoso y lujoso hotel destinado solo para los más influyentes de Klutar, The Royal, y sus mejores clientes, el gobierno, los famosos, la mafia. Luna no era tonta, desde muy temprana edad sabe que el mundo pertenece a los ricos, y que estos no siempre son buenas personas. Saca un pequeño frasco y de él toma dos píldora, que traga rápidamente, tan acostumbrada al sabor ya ni siquiera le provoca náuseas. Cierra los ojos y respira hondo tomando mientras el carro se desplaza por la ciudad, cruza las piernas, sintiendo el peso de la mano de Ashton sobre su muslo, el aroma del chico pulula suavemente a su alrededor, un ligero y agradable toque de albahaca que siempre lograba calmarla, Ashton no tenía más aromas y ella tenía la suerte de poder sentir el mismo debido a su mutuo afecto, de otra forma le sería imposible, desventajas de los Gamma. —Los omegas estarán en la zona VIP de la planta superior del salón, junto a los deltas. Los alfas serán distribuidos en la zona VIP de la segunda planta, y los betas de demás serán distribuidos en el salón donde estarán todos los clientes que lo deseen—explica una joven omega, de cabello castaño. Luna no necesita saber su nombre para concluir en que ella es de las veteranas de la compañía, adaptada a este método y por tanto no le atribuía importancia alguna. «Nadie lo hace», susurró para sí misma. Llegaron al hotel, el brillo y el glamour por cada tramo del lugar, las puertas fueron abiertas y ellos conducidos al recibidor donde fueron divididos en grupos según la casta. —En momentos como estos, agradezco ser gamma y que tú seas beta—las palabras de Ashton eran tan cálidas que tensaron su cuerpo, Luna sonrió en respuesta, era todo lo que podía hacer. —Bien, betas y gammas, vengan conmigo—el grupo siguió a la joven omega, llegando a la zona libre del salón de fiestas. Fue entrar y todos los ojos se posaron en el varopinto grupo, Luna, con su cabello oscuro, ojos verdes, y figura esbelta. Ashton, rubio y corpulento con cara de muñeca. Bella, una joven morena de rizos y ojos oscuros así como curvas prominentes. Mile, un bonito chico asiatico con el que Luna ni siquiera había hablado alguna vez, eran cuatro, y joder, ¿debían entretener a toda esa gente?. Respiró hondo. —Que comience la fiesta—dijo Luna entre dientes, colocando una máscara de total felicidad. Ambos, ella y Ashton se miraron a los ojos, sonriéndose el uno al otro, soltando sus manos, y tomando dos copas moviéndose por el salón entre el gentío. —Solo un poco más, Luna—susurró bajo, cómo si con ello todo fuera más fácil—Solo un poco más.
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