Alejandra Santoro fue arrastrada por Simón fuera de la casona, pero apenas pusieron un pie en el jardín trasero se vieron rodeados de custodios, Alessandro había aprendido la lección, jamás se confiaría en que nadie llegaría por ellos. — Está bien, pueden marcharse. — dijo Alejandra mirando a uno de los custodios que apuntaba a Simón con su arma. — El señor dijo…— comenzó a rebatir el hombre y Alejandra dio dos pasos al frente, con su espalda recta, cabeza en alto al igual que su barbilla y las cejas un poco fruncidas. — Y yo digo que se marchen ¿es que acaso no sabes quién soy? — no hacía falta preguntar, a pesar de que la joven solo había pisado aquella casona dos veces, solo bastaba ver sus ojos para saber que era la santa hija de la sombra, como la luz y la oscuridad batallaban en s

