Mientras se besaban, la pasión iba en aumento, pero pronto recordaron que había otra personita entre ellos. Cuando escucharon el quejido, soltaron sus labios y sonrieron. Sebastián la miró. Miró a su hija con los ojos iluminados. Dos años, se había perdido dos años de ella, por cobarde, por sus malas decisiones. Pero nunca es tarde para volver a empezar. Jamás es tarde para tomar las buenas decisiones. Las tiene ahí, en frente de él, dispuestas a estar con él, a empezar una nueva vida con él. Entonces, no tiene más que hacer que empezar esa vida con ellas. Sebastián agarró a su pequeña de dos años, la abrazó con ternura y ella también lo abrazó. Aquellas manitas se envolvieron en el cuello de su padre, y esos suaves labios besaron su rostro, tras eso soltaron un "papi". Y eso derritió el

