DEAN No me había dado cuenta de lo hambriento que estaba. Apenas llegamos al comedor, mi estómago ruge como si un animal salvaje habitara ahí, así que inmediatamente empiezo a desaparecer todo lo que puedo de aquella mesa. Mi hermano me observa y solo de vez en cuando la comisura de sus labios se eleva, pues aparentemente la escena lo está divirtiendo. —¿Ahora sí me vas a contar? —le digo recostándome contra el espaldar de la silla, completamente satisfecho por fin. El semblante de mi hermano es ahora diferente, no queda rastro del muchacho despreocupado y fiestero y en su lugar, hay un hombre centrado y motivado. —Resumen, el otro continente está peor que este, los alimentos son escasos y reina la anarquía y la barbarie, así que muchos han llegado hasta este continente buscando sobr

