DAREK Luz. Estoy en un lugar muy luminoso. Ya no recordaba cómo se sentía la sensación del sol sobre mi piel. Recorro con la vista el pequeño lugar, hasta que finalmente mi mirada queda clavada en la porción de cielo que me permite apreciar una ventana. Un cielo azul claro, adornado por una que otra mancha de nube muy blanca. Salgo de la cama moviendo con dificultad mi cuerpo. Hace mucho que no lo movía, así que mis músculos están atrofiados y caigo un par de veces de lado, siendo recibido por una pared que siempre evitó mi caída. La claridad no me resulta del todo cómoda, pero tampoco es incómoda. En aquel lugar desprovisto de tiempo, podía ver la vida de cada uno de mis hijos y observar a través de sus ojos. No son mis hijos realmente; no los he engendrado físicamente, pero su origen s

