DEAN Me gusta más la casa de mis suegros que el penthouse. Definitivamente prefiero los lugares más amplios y con jardín. El lugar es bonito y tan pulcro como la gran mayoría de los lugares que he conocido en este plano, y hasta puedo ver mi reflejo en el piso. No hemos cruzado aún el umbral de la casa y ya puedo escuchar un par de corazones cuyos latidos agitados por la emoción, deduzco, son de mis suegros. Mis suposiciones se confirman cuando, al ingresar a la casa, las lágrimas empiezan a brotar de una mujer un poco mayor que mi padre, quien corre en nuestra dirección y abraza a Lita en medio de su alegría. Me hago a un lado para observar mejor la escena y tratar de controlar la fuerza del sentimiento que mi mate está dejando fluir a través del vínculo y que amenaza con hacerme solloz

