—¿Qué rayos estás diciendo? —profirió, samaqueando sus muñecas de las imponentes y fuertes manos de Jonathan. —Lo que escuchaste, desde ahora te prohíbo tener cualquier contacto con un hombre —sus manos ejercieron más potencia en las muñecas de su secretaria. Samara no podía comprenderlo, muy aparte que el dolor le impedía razonar con claridad y centrarse mas en la presión. Fuera de sí, perdido en sus exagerados celos y de su cuerpo, Jonathan no le importaba el resto, solo sus decisiones y la demanda hacia ella para que se cumpliera. Era bastante riguroso, pero nada empático. Por otra parte, pudo controlar sus impulsos cuando la vio con Arturo, cuando lo insultó diciéndole que su madre era una zorra, sumándole el riesgo de salvar su vida de esos malhechores, y no dejando atrás su falta

