—No tenemos tiempo para conmovernos, debemos actuar. Sam, si ellos no nos creen no pienso perder un segundo aquí en vez de ir a salvar nuestros traseros. —la voz del ojigris me pateó de mis ensimismamientos y alcé la vista a verlo. A pasos largos estaba caminando hacia las escaleras en rumbo a la primera planta, pero me di media vuelta y avancé haca él para detenerlo. —¡Detente! Aún no le he dicho lo último —susurré. Este me enseñó su rostro. —¿De qué sirve? Si con todo lo que le has dicho no te cree, ¿qué piensas que con eso lo hará? —¡Lo hará! ¡Estamos hablando de esa loca! — regañé, implorando a que se quedara y no me dejara sola con ellos. Esto ya era demasiado fuerte, no podía hacerlo sola. Definitivamente, ya no. Él debería estar apoyándome, pero me estuve percatando que todo

