CAPÍTULO SEIS

2492 Palabras
No sabía si llorar de cólera, de no saber qué hacer, o salir corriendo para ver quién era aquel hombre que tanto la perseguía. No lo pensó dos veces, cuando atravesó la puerta del baño y se halló en el pasillo, sus ojos se encontraron algo espeluznante e inesperado. En toda la hilera de casilleros ninguno se hallaba abierto. Todo el pasillo era silencio, uno tan intenso que te insinuaba al oído que no movieras ni un músculo o si no iba a resonar como un eco por todo el lugar espantando a los alumnos. Samara se sentía de tal manera. Se quedó tiesa, preguntándose quién cerró su casillero y esfumó como si el mismo viento se lo hubiera llevado. Tan pronto como sonó la campana sus cinco sentidos se estrellaron contra esta enviándola de regreso a su realidad. Los jóvenes estudiantes salieron de cada puerta y se combinaron por todo el pasillo para el cambio de curso logrando opacar su visión panorámica de su punto inicial. No podía creer que seguía sin moverse, ¿cómo lo sabía? Las chicas se topaban físicamente con ella, unas le rosaban, otras le pedían permiso para no golpearla, el cual, ese llamado nunca era escuchado y algunas no temían en chocar sabiendo que la única consecuencia que podría causarle era una fortuita y torpe caída. Pero solo una logró expulsarla de su apuro mental, y fue su amiga. — Oh disculpa, no te vi... ¡¿Samara?! —se puso en su delante y se sintió mal al chocar con esta que se hallaba dándole la espalda. Sam parpadeó repetidas veces hasta que su vista fue aclarando a una Liz muy confundida. — Oh Liz, lo siento... ¿Qué haces aquí? —cambió de tema rápidamente. Lo que menos quería era contarle lo que había sucedido minutos antes del timbre. Si ya le había comentado lo que sucedió en su casa en esa mañana y se rehusó a creerle, ¿qué le hacía pensar que podía hacerlo con lo anterior? Menos a decirle que la obligó a ir al baño y luego salir de prisa. No quería que la llamase, indirectamente, loca. — ¿Bien? —arrugó el ceño y continuó— El entrenador nos dio diez minutos de descanso, mi objetivo fue ir al baño para refrescarme y justo me topé contigo, ¿por qué no fuiste al entrenamiento? — Ya veo —rápidamente, pensó una excusa que la pudiera convencer—, la comida de ayer no me ha caído nada bien y para serte sincera no quería irme del baño. A veces sus pretextos sonaban tan reales que la sacaban de apuro, aparte de exagerados y que la mayoría tenía que ver con "váter en apuros". Liz no dudó en hacer una mueca de asco. —Pensándolo bien me refrescaré en el baño de la cancha —Samara no contuvo la risa y fue a seguirla hasta el campo de ejercicio esforzándose por olvidar aquel hecho, y de vez en cuando voltear para percatarse de que aquel no la siguiera. ××× Eso es, sigue volteando. Ansío sentir la conexión de tus ojos con los míos, ¿qué esperas? Encuéntrame, estoy tan cerca que no lo puedes notar. Me siento tan mal por haberte cegado, no es mi intención lastimarte... ¡Joder! ¿Hasta cuándo terminarás con mi locura? ¿Es que no ves el daño que me estás haciendo? Por supuesto que no lo haces porque hasta ahora no me has visto ¡Maldita sea! —golpeó con fuerza la banca en la que se encontraba sentado de lo más tranquilo y, a su vez terminando sus más obsesionados pensamientos. Obsesionados porque desde la primera vez que la vio en el parque no dudó en seguirla a todas partes. Si eso dependía dejar su empresa en reemplazo de su asistente, quien al mismo tiempo era su mejor amigo, lo haría. Ruben tenía todos los conocimientos basados de su compañía, el trato, como se manejaba y todo lo que tenía que hacer como jefe temporal. Sí, solo era temporal, porque haría lo que fuera para que Sam supiera que pertenecían el uno para el otro y que todo lo que él poseía también fuera parte de ella. Obsesionados, debido a que, en aquella noche, no dudó en tomarle varias fotografías sin que se diese cuenta. Loco porque de tantas mujeres que ha visto pasar en su vida solo ella lo atrapó y lo encadenó a sus bellas y electrizantes redes. Lo vio tan ridículo volver a la universidad, él ya había pasado esa etapa. En ese momento se captó de que por ella haría lo que fuera, incluso volver a su pasado. Fue tarea fácil convencer a la directora que lo transfiriera a esta escuela, sí, mintió. Tampoco se le hizo difícil conseguir constancias de otra escuela y documentos falsos, y claro, una gran cantidad de dinero. Cabe mencionar que poseía el rostro de un muchacho muy simpático, lo que llamaba más la atención era el cielo gris que vagaba en sus ojos, misteriosos y penetrantes, lo que lo hacía elegante, atractivo y apuesto ante las demás; esa fue otra onza de oportunidad para que aquella mujer regordeta le diera el pase libre. Decir que esta no pasaba ni los cuarenta. Por otro lado, vio tan estúpido tener que dejar su residencia para rentar una habitación de quinta, donde se hallaba en el cuarto piso del mismo edificio de su "futura amada". Pero eso solo sería por unos escasos días, luego la llevaría a sus mejores casas y le mostraría de qué estaba hecho. Mientras visualizaba a Samara tratando de desenvolverse con los ejercicios, admitía que la veía muy tensa, aprovechaba en satisfacerse con cada movimiento que daba, aunque esos no duraran mucho. Cada estiramiento de piernas o brazos se quedaban a mitad de camino cuando observaba su frágil rostro voltear hacia cada lado para ver si alguien era espectador de sus ejercicios, pero sucedía lo de antes, miraba a todo menos en su dirección.  Este suspiró agotado y se levantó yendo hacia el grupo de chicos que el entrenador iba llamando y, por otra parte, la entrenadora hacía un círculo a su alrededor dentro todas las chicas y con ella en medio para dar las indicaciones sobre el siguiente ejercicio. Lo extraño fue que no notó a la castaña ahí dentro. Para su infortunio hubo un pequeño problema, el entrenador tuvo la gracia y la dicha de presentarlo como el alumno nuevo de la universidad. Sintió cómo la sangre se le iba calentando y se resguardaba en su cabeza. Por supuesto que no iba a salir, pero peor iba a ser que quedara como el chico tímido del campo, cosa que en definitiva no lo era. Podría ser malo si se lo propusieran. El entrenador deshizo el círculo que había formado y mencionó su nombre y apellido. No le quedó de otra que ir, al menos tendría el privilegio de mostrarse ante ella. — Élian Murphy —por supuesto ese nombre era cien por ciento falso. Odiaba los apellidos irlandeses. Con las manos a la altura de sus caderas, con una posición firme y relajada, salió a su llamado y quedó a la par del entrenador. — Olvidé presentarles en la mañana, disculpen. Aquí tienen a su nuevo compañero, sean amables —despabiló la presentación y sin más tocó su silbato iniciando otra hora de entrenamiento. Buscó con la mirada a la cazadora de su locura, pero esta se encontraba con su amiga Liz a un rincón de la cancha hablando de quién sabe qué; eso lo enfureció. Era la oportunidad para que ella lo mirase, para que lo tuviera en mente todo el día. Nunca pasó ¡NUNCA! —Tardé o temprano me desharé de esa niña entrometida —amenazó para sí mismo y volteó hacia sus compañeros que pronto comenzaron a calentar. ××× Las clases habían terminado. Su cuerpo ansiaba poder volar e irse rápido a casa, las piernas la estaban desmoronando de a poco, sentía que a medio camino se desplomaría por el suelo. La maleta que estaba cargando no la ayudaba a avanzar ligeramente como debía y quería. Mentalmente, hizo un llamado a Patrick para que llegara y la ayudase. Recordó que tenía el móvil y podía llamarlo, sin embargo, la decisión se marchó al pensar que podría asimilarla como una convenida o debilucha. Recién lo estaba conociendo y no quería ser una aprovechada, así que se dispuso a levantar el pecho firmemente y avanzar disimulando el dolor en sus brazos. Cruzó la calle y caminó rogando llegar finalmente a casa. El pensar en su cama hizo que la adrenalina recorriera por toda su sangre y acelerara los pasos, hasta que unas voces fueron llamando a su nombre, sus piernas protestaron que no se detuviera, pero tuvo que hacerlo, no quería otro escándalo de su amiga. Agradeció haber paralizado sus pasos bajo un árbol con una capa de hojas grandes protegiéndola del sol, el calor se sentía un horno. —¡Oye, Sam! —Patrick alzó la voz como pudo para que fuera escuchado. Y así fue. Sus piernas tampoco le daban oportunidad de andar rápido. El entrenador disfrutó tanto de sus suplicas que fue más rígido con los ejercicios. "Tan solo son unos debiluchos..." , decía mientras caminaba de un lado a otro viéndolos como rogaban por detenerse. Samara volcó los ojos y se giró sobre su sitio. Observó a Liz, su amiga Ratchel y Patrick corriendo como podían. —Te dije que teníamos que coordinar lo de mañana —le mencionó tragando varias bocanadas de aire. Samara abrió los ojos de sorpresa, se había olvidado la fiesta, de nuevo. Tampoco podía decirse que era lo único que tenía en mente, todo su día había empezado terriblemente mal, su cerebro estaba a punto de estallar. Todo eso opacó el plan que habían acordado tan solo la noche anterior. —Lo- lo siento —no supo que más decir, por lo que calló. —Ya Sam, escucha con atención, por lo visto tenemos que repetirte las cosas dos veces —ironizó la ojigris. «Si tan solo me creyeras y me apoyaras, sería distinto», esas palabras resonaron en su cabeza. Suspiró y, por un instante, miró al cielo. —Patrick vive a pasos de tu departamento, él pasará a recogerte, luego vendrán por mí y finalmente pasaremos por la casa de Ratchel que queda a pocas calles de la mía —finalizó, actuando de buena samaritana. La castaña se aturulló, ¿tanto apuro para coordinar solamente eso? — Liz, olvidaste mi parte —murmuró Patrick acercándose a su oreja. —¡Oh si cierto! Patrick irá a buscarte mañana a las nueve de la noche, la única diferencia es que, como ya te había mencionado por llamada, este idiota... —lo señaló con su dedo pulgar y por parte de este hizo una dramatización transformando su postura a una ofendida y con la mano en el pecho—, pasará a recogerte, después irán a la casa de sus padres para traer el auto y seguidamente vendrán por nosotras. Cada palabra de Liz era otro dolor de cabeza. Lo único que imaginó y deseó escuchar era: "Amiga, como veo que estás muy cansada, Patrick irá a la casa de sus padres para recoger su auto y después pasará por nosotras para ir a la fiesta. Si deseas te mando las fotos". Algo que jamás escuchó ni escuchará en toda el día. Poco después, esta se marchó junto con su amiga y el castaño con Samara se fueron juntos al edificio. Miles de dudas comenzaron a formar fila en sus pensamientos, sin embargo, solo una se coló y la alertó. Si su día inició terriblemente mal en casa y empeoró con lo sucedido en la universidad... ¿Cómo iba a terminar en la noche? ××× Detrás de ese árbol se ubicaba el chico de las notas misteriosas. Nadie se había percatado de su presencia, pues si estaba clarísimo, ni su sombra podía verse gracias al árbol que lo cubría. Escuchó el plan con lujo y detalle, el encuentro de cada uno para la fiesta de esa noche. Por supuesto no se lo iba a perder por nada, sin que ellos supieran, él ya estaba siendo cordialmente invitado. Interiormente, no podía parar de reír al escuchar los ahogos de los amigos de su chica, tan débiles y enclenques. No la merecían, si su vida estaba en riesgo ellos no servirían con el poco físico que traían. Al contrario de él, un muchacho que ya pasó esa etapa universitaria de puro entrenamiento y competencias de fútbol americano; tenía la suficiente fuerza, destreza y rapidez para ayudarla y protegerla. Moría por hacerlo. Cuando escuchó la mención de Patrick sus orejas se activaron tal cual antenas para oír atentamente. —Patrick irá a buscarte mañana a las nueve de la noche, la única diferencia es que, como ya te había mencionado por llamada, este idiota pasará a recogerte, después irán a la casa de sus padres para traer el auto y seguidamente vendrán por nosotras. —Ese maldito infeliz... —apretó la mandíbula y las manos hasta formarlas en puño. Sentía sus nudillos a punto de reventar, contuvo las ganas de gritar y de golpear el tronco del inocente árbol. Estaba tan impotente y furioso que podía ser capaz de derribarlo con un simple toque. La idea de verla tan elegante y más bella de lo que ya era lo descontrolaba. Pero al imaginarla de la misma manera caminando junto a ese bicho, que la condujera hasta la casa de sus padres, pasar a sacar el auto para luego adentrarla y conducir a su lado en todo el trayecto lo cabreaba, lo enfurecía. Respiró profundamente y trató de controlar sus impulsos. Transcurrieron varios minutos y por fin la charla había terminado. Los pasos de ellos fueron más cercanos y de inmediato sacó una cajetilla de cigarrillos, la encendió, seguidamente la llevó hasta su boca para expulsar todo el humo por los aires y descansó su cuerpo en el tronco mirando al cielo. Cualquiera que lo viera en esa postura, irradiando seriedad, oscuridad, vagancia y a su vez maldad, portando un atuendo n***o y con una capucha sobre su cabeza, pensarían que era un hombre a la espera de su próxima víctima para asaltarla y quién sabe qué más. Al menos su meta se cumplió al pasar desapercibido por el grupito de estudiantes. Aquel dobló en una esquina y él no dudó en seguirlos. Corrección, en seguirla. Tenía claro lo que iba a realizar, simplemente esperar hasta el día siguiente para actuar. Esa noche iba a ser especial e inolvidable. Se juró que iba a hacer hasta lo imposible para que así lo fuera. Quería que ella tuviera ese recuerdo toda su vida y que no lo arrancara de su mente. Pues él no lo iba a hacer jamás.
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