No, él no… __________________ —¿Así está bien? ¿Te gusta? —murmuró el francés. —Uhm... Sí... Sigue así, no te detengas —de pronto, una gran punzada me hizo estremecer — ¡Ah! —Tranquila, al inicio dolerá, puesto que está muy duro, pero luego te gustará y vas a querer que siga. —Pero... —reclamé y dejé que sus manos intervinieran con su trabajo— de verdad me duele. Detente, por favor —supliqué con los ojos a punto de cristalizarse. —No lo haré —sentenció, muy seguro. —Por favor... —intenté una vez más en que aceptara mi suplica. Paseé mis manos desesperadamente entre las sábanas para coger una almohada y ponérmela en la cara para así ahogar mis jadeos de tormento, o morderla sin piedad. —Que no lo haré, ya empezamos

