3- El rechazo

1425 Palabras
Pov: Milo Bruno Duarte — No se puede pasar, señor, a menos que contrate el servicio y... — Ella... —la señalo en un impulso. — ¿Quiere contratar a Anne? —la veo alejarse. — Sí, quiero pagar por ella, en una habitación. «Ahora sí te has vuelto loco» No, solo necesito hablar con ella. «Por favor… ¿Hablar?» Y terminar lo que empezamos, claramente. El de seguridad saca una libreta que tiene en el bolsillo y anota algo que me muestra. — Este es el precio —miro la libreta y la cifra con varios ceros. «¿Pagarás eso?» Ya lo he pagado por otras. «Pero esto es distinto» Sí, porque estoy muriendo de la curiosidad por saber de ella y ahora de su trabajo. Por supuesto, su agenda, su acompañante, no mintió en nada. «Y eso te cautivó» No así como cautivarme, pero sí atraer mi atención. Saco de mi bolsillo una chequera. «Malgastas tu dinero» Me lo gano limpiamente. — Aquí tiene —le extiendo el cheque, lo mira y me señala una de las puertas con número. — Por la 6 pase y espere a la señorita Anne allí —señala a una de las mujeres que está por el lugar y esta se acerca. — Buenas noches, señor, acompáñeme por aquí —camino con ella, pero miro hacia atrás donde ya no veo a Anne. ¿Qué tiene ella? «Qué la tocaste, en ese cutre cuarto de limpieza y te gustó» ¡No! Sí me gustó, pero como cualquier mujer, soy humano, es lógico. Hay algo más, el recuerdo de su honestidad, está carcomiendo mi cerebro, porque no puedo estar equivocado, algo, en algo me miente. «¿Y si no?» Sería la excepción a la regla y lo dudo, no existen excepciones, algo buscan siempre. — ¿Desea que le haga compañía mientras espera a su acompañante? —niego serio, ni siquiera sé por qué estoy haciendo esto. Es una estupidez lo que estoy haciendo. Camino por la habitación arrepintiéndome de mi actuar. No, un momento, yo solo estoy pagando por un servicio que ella ofrece, no tiene nada de malo, solo debo actuar, como si fuera cualquier persona. Porque no tiene una importancia distinta a cualquier escort que contraté alguna vez. «El poder de solapar que tienen los abogados es fabuloso» No pedí opinión y no di lugar a acotaciones. Observo la habitación, la cual tiene una barra y me acerco a ella para tomar algo mientras espero. Escucho la puerta abrirse. — Buenas noches, soy... —me volteo a verla y se queda estática viéndome. Ella está maquillada de forma llamativa, sus ojos se ven particularmente claros, sus labios rojos resaltan sobre todo, ella es muy atractiva sin dudas, más con la ropa que trae puesta. — Buenas noches, Anne, supongo que también me has reconocido, ¿no? —abre la boca en repetidas veces. — ¿Usted es Milo? —me encojo de hombros. — Supongo que las máscaras no hicieron bien su trabajo porque la reconocí igual. — ¿Las máscaras? —frunce el ceño y me mira curiosa. — Sí, la fiesta de máscaras, el cuarto de limpieza, ahora estoy confundido —ella aprieta los labios y asiente. — Lo siento, no puedo aceptar esto, yo no estaré con usted. Lo lamento, señor, pero le devolverán su cheque, ya rompí demasiadas reglas por usted y no debió buscarme, solo debió fingir que nada pasó, por nuestro bien. Lo lamento, pero… — ¿Me rechaza? ¿Por qué? —me acerco a ella, desconcertado por su rotundo rechazo. — Porque lo conozco y eso está fuera de las reglas, porque lo que hice con usted en la fiesta, fue un error y yo, tengo prohibido conocer fuera de aquí a los hombres —frunzo el ceño. — Pero no me conoce, no podemos decir que una pequeña charla, un manoseo y unos besos en un cuarto de limpieza es conocernos —doy otro paso cerca de ella. — Usted no entiende y eso me hace sentir peor, porque no quiero rechazarlo así, es solo que esto podría traerme problemas, en realidad todo podría traerme problemas —estoy frente a ella y la escaneo. Con mi mano toco los brillos de su ropa. — ¿Problemas con este trabajo? Pagué, no estoy haciendo nada malo, nos conocemos, muy poco, tampoco es malo, así que no encuentro lógica en su rechazo —la miro a los ojos y su mirada está fija en mí, pero niega. — No quiero, es todo —se aleja un paso de mí—. Lo siento, Milo, pero yo no quiero ser deshonesta contigo y claramente tú no estás comprendiendo lo que digo —abre la puerta para salir. — Espera, no puedes rechazarme así —se encoje de hombros y sonríe. — Sí puedo, lo estoy haciendo, es que tú no ves, que ya nos conocemos —sale de la habitación dejándome con miles de preguntas, pero peor aún, molesto. Estoy enojado porque ella se negó, me dejó aquí como un estúpido y sin necesidad de mentir. Eso es una mierda. «¿Qué cosa? ¿Que ella te atrae o que parece no estar interesada en ti?» ¡Déjame en paz! Es una mierda que quien me tenga así, deseando saber más, me rechace porque según ella nos conocemos. ¡No nos conocemos, ¿qué le pasa? La puerta se abre de nuevo pero es la mujer de antes. — Lamento el inconveniente presentado, señor —me extiende el cheque que antes les di—. Nos disculpamos por lo ocurrido, pero esperamos que quizás lo complazca contratar a alguien más —niego y salgo de allí. Y también de este maldito lugar donde me la tuve que encontrar para que destrozara mi humor. Conduzco tan molesto, tan fastidiado, ese maldito club. .................... Llego temprano a la empresa, hice una cita con la señora Lousteau para definitivamente rechazar en persona su proyecto, mis asesores dicen que es redituable, que es un buen proyecto, pero yo ya no quiero hacerlo, quizás es estúpido que involucre mis asuntos personales en esto, pero la verdad, que se vayan al diablo. Al bajar en mi piso no saludo a nadie, solo me meto a mi oficina a hacer cosas hasta que sea la hora de la bendita reunión. Mi cabeza no descansó, toda la noche di vueltas sin poder dormir, me hubiera follado a otra y fin del problema, qué tanto drama. Eso fue algo muy tonto de mi parte, estúpido. A veces cuando estoy enojado actúo así, irracional. El teléfono de la oficina suena y lo tomo. — Diga... — Señor Duarte, la señora Lousteau y su hija han llegado —ruedo los ojos porque no entiendo por qué trae a su descuidada y bruta hija. — Que pasen —miro todo lo que tengo en la mesa y comienzo a acomodarlo. — Pasen por aquí, señora —mi asistente las hace pasar. — Buenos días, señora Lousteau —levanto la vista para asentir—, señorita Lousteau, tomen asiento —ambas lo hacen. — Qué sorpresa para mí que me haya citado tan rápido —saco unos folders que armé donde rechazo su proyecto. — He preparado esto para usted con mi respuesta —lo extiendo y ella no hace nada, la joven descuidada se levanta apresurada acercándose a mí para tomar el folder. Siempre mirando al suelo con esas gafas que no me permiten ver si está mirándome o no. No digo nada, solo toma el folder y camina hasta la señora Lousteau, extendiéndole la carpeta, pero a esta le suena el teléfono, así que la ignora y solo se levanta. — Un momento, debo atender, lo siento —se aleja para salir de la oficina. Pero la chica ya venía con la intención de darle los papeles y estos se le resbalan de la mano cayendo al suelo. Murmura una maldición que no logro escuchar. Me levanto para ayudarla a levantar los papales y que no los deje todos desordenados. — Tal parece que usted no trabajó en nada la... —cuando estoy agachándome a su lado, me quedo helado al ver cómo su cabello se acomoda dejando su cuello libre. Sin palabras estoy, cuando esa marca tan particular es develada. Me levanto y ella lo hace mirándome a la cara, descubre mi expresión. Solo la miro con sorpresa, con curiosidad, frunciendo mi ceño. — ¿Ahora entiende? Ya nos conocemos —expresa con un tono afectado.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR