Narra Ana. —¡Llamen a los bomberos! —gritó el señor de los perros calientes. —¡Hanna! —grité asustada. —¡Ana, tenemos que irnos ya! —gritó Pablo detrás de mí, él intentó tomarme de la mano para correr, pero no podía irme. Hanna inmediatamente vino hasta mí, yo solo miraba la carpa en llamas. —Ellas están ahí —dije señalando la carpa. —¿Ellas? ¿Quiénes? —preguntó ella. —¡Vámonos de aquí ahora! —gritó Isabella. —No, mi hermana está ahí. —Vámonos Isabella, no quiero seguir aquí —mencionó Emily. Observe como los demás solo se iban, son unos malditos. No puedo dejar que Jessica muera, no por mi maldita culpa, comencé a correr hasta la carpa, cuando estaba por entrar, un guardia de seguridad me detuvo. —Mi hermana está ahí —grité asustada. —Lo siento señorita, nadie puede entrar —di

