Capítulo 6

931 Palabras
Emma decidió irse un tiempo a Argentina, porque, según ella, necesitaba despejarse. La realidad era que mi padre siempre la apoyaba a ella, a mí nunca, yo era la oveja negra de la familia. Intenté llamarla, hablar con ella, pero era en vano, no me respondía ni mensajes ni llamadas. Intenté comunicarme con mi padre, menos. —Creo que arruiné todo, mamá —le dije, mientras estábamos desayunando juntas. —No digas eso, Anna —me miró—, las cosas no las hiciste bien, ni tú, ni Ethan, ni Emma. —Pero ahora mi hermana no me perdonará jamás. —Lo hará, después de todo, es tu hermana. Hablamos un rato más, con mi madre tenía mucha confianza, podíamos hablar mucho juntas. Ella me invitó a dar un paseo por la ciudad para despejarme un poco de todo lo sucedido. Acepté. —¿Vamos al centro comercial? —le sugerí. —Vale, vamos. Nos alistamos y salimos, llegamos a nuestro destino y entramos. Yo quería ver algo de ropa allí, que siempre sabían haber liquidaciones. —¿Qué va a pasar con la carrera de modelaje de Emma? —No lo sé, no le veo mucho futuro a eso, cariño. —¿Por qué no? —Emma tiene una personalidad muy temperamental, y al productor no le ha agradado mucho eso, sólo le dio la oportunidad porque se puso muy insistente. No podía creerlo. —¿Qué pasará entre tú y Ethan? —me miró mi madre. —No lo sé, le verdad… Tengo miedo. —Tú has lo que tu corazón sienta, pero no quiero que termines lastimada también por una tontería. —Pues, desde que Emma se fue no he vuelto a hablar con él. Caminamos un rato más, hasta que decidimos regresar a la casa a preparar algo rico para cenar. —¿Comemos una tortilla de patatas? —¡Sí! Llegamos, yo me di una ducha antes de cenar. Al salir del baño escuché a mi madre hablando con alguien, sí, hablaba con Emma. Quise hablar yo también, pero ella no quiso, cortó la llamada. La angustia se apoderó de mí, las lágrimas comenzaron a caer. —Tranquila, cariño… —mi madre me abrazó—, ya se le pasará. Mi celular comenzó a sonar, ¿Ethan? Hacía varios días no tenía noticia de él, desde que pasó todo prácticamente. Respondí la llamada. —¿Bueno? —Anna, ¿podemos vernos? Quiero hablar contigo. —¿Qué quieres? —Por favor, Anna. Accedí. Decidimos salir a dar un paseo y hablar, ¿qué era lo que tanto me quería decir? Me ponía nerviosa, ansiosa. En realidad, tenía miedo también, ¿y si quería decirme que entre nosotros no pasaba nada? Su voz se notó extraña en el llamado, distante, cortante. Subí rápido a alistarme, unos vaqueros azules, remera de tirantes y sandalias. Cepillé un poco mi cabello y me perfumé. Esperé a que él pase por mí. Escuché un bocinazo, miré por la ventana, Ethan llegó. —Mamá, me iré a dar un paseo. —Anna, cuídate. —Sí, má —besé su mejilla y salí fuera de mi casa. Ethan estaba parado fuera del auto, al lado de la puerta del acompañante, sonreí. —Hola —besé su mejilla. —Hola, preciosa —me abrió la puerta para que suba. Entré al auto, me acomodé. Él se subió en el lado del volante, puso en marcha el coche y arrancamos. —¿De qué quieres hablar? —Espera, espera… —Pero dime —me estaban comiendo los nervios. Ethan rió. Seguimos camino, llegamos al parque, buscó estacionamiento. Bajamos del auto y buscamos un lugar para sentarnos. Nos acomodamos en el suelo, en el pasto verde. Él se sentó primero, señaló entre sus piernas. Sonreí, me senté con él. —Estás preciosa —susurró en mi oído, mientras me rodeaba con sus brazos. —Gracias —susurré, me acurruqué en él—, ¿de qué querías hablarme? —Anna… Quiero estar contigo, quiero compartir todo contigo —susurró, mirándome fijo a los ojos. Mis ojos se aguaron, ¿en serio me lo decía? —¿No me utilizarás como a Emma? —No, Anna, olvida eso —acarició mi mejilla—, sólo seremos tú y yo. Asentí. —Está bien —susurré, me besó tiernamente. Tenía una sensación inexplicable en mi estómago, ¿estaba haciendo bien las cosas? No sé, pero Ethan me había comenzado a gustar y sí, quería estar con él. Pasó un vendedor de helados, compramos uno para cada uno. Para tanto calor que hacía, un helado fresco sentaba muy bien. Luego de un rato nos levantamos para irnos del parque, dimos un paseo por la ciudad y luego me llevó a mi casa de nuevo. —¿Nos vemos mañana? —me preguntó al estacionar frente a mi casa. —Está bien, ¿me llamas? Asintió, lo despedí con un beso en los labios, ahora podía decir… ¿éramos novios? Bajé del auto, entré a mi casa, mi madre aún estaba allí. —Hola, má —la saludé con un beso en la mejilla. —Hola, cariño —sonrió—, ¿cómo te ha ido? —Bien —sonreí—, me propuso ser su novia —la miré con miedo. —¿Segura? —Sí, má —suspiré—, en realidad me gusta, hablamos mucho. —Está bien, cariño —me miró—, pero no quiero que sufras. La abracé, fui a ducharme y me puse mi pijama. Mi madre ya estaba por irse a trabajar.
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