No puedo negar que al llegar a casa y ver que él no me había escrito siquiera para saber sí me encontraba bien caló en lo más profundo de mi ser. Me dolió; Sarah Morrison no me gustaba, siquiera un poco y comprendía perfectamente que aquello había sido efecto del estado en que me encontraba en esos momentos, no culpaba a nadie de mis errores; dentro de mi filosofía de vida había conscientizado que uno siempre tiene un ápice de decisión, sin importar las sustancias que hubiese ingerido(a excepción de los tranquilizantes, las pastillas para dormir y los dopantes), pero el alcohol precisamente no le quitaba la voluntad ni el libre albedrío a nadie; a menos no en mi caso. Lo que había pasado fue mi decisión, nadie ni nada me habían obligado así que lo mejor que podía hacer era afrontar las co

