CAPÍTULO CUARTO Fue como si una luz se encendiera en la cabeza de Jessie. En el momento en que cerró la puerta del coche y miró el edificio que en ese momento albergaba a una mujer muerta, su mente se despejó. Todos los pensamientos sobre padres asesinos en serie, hermanastras huérfanas y posibilidades semirrománticas se desvanecieron en el fondo. Ella y Ryan estaban en la acera, cerca de la esquina de Sunset y Vine, observando la zona. Este era el corazón de Hollywood y Jessie había estado aquí muchas veces. Pero siempre era para ir a cenar, a un concierto, a ver una película o un espectáculo en directo. Nunca se había fijado en él como un lugar donde la gente normal trabajaba, vivía y aparentemente moría. Por primera vez se dio cuenta de que, entre las torres de oficinas, los restaur

