CAPÍTULO DIECISIETE Estuvo tentada de arrastrarse. Si eso la mantenía fuera de la vista del capitán, valdría la pena. Por suerte no tuvo que hacerlo. Al darse la vuelta, chocó sin querer con un oficial corpulento que se dirigía en la misma dirección que ella. El choque no le hizo daño, pero lo utilizó como excusa para agarrarlo y tirar de él hacia ella. —Lo siento, oficial —se disculpó, asegurándose de colocar al hombre entre ella y Decker—. Pensé que iba a dar una voltereta por un segundo. ¿Está usted bien? —Estoy bien, señora. ¿Y usted? —Sí, gracias. Estoy bien, solo que tengo prisa, como siempre. Sin decir nada más, volvió a correr por el pasillo lejos de Decker, asegurándose de caminar delante del gran policía hasta que pudo entrar en el baño de mujeres. Esperó unos dos minutos

