—Comportate, Mclaren.—Gruñó molesto.
—No entremos, si vamos al castillo de nuevo hago cualquier cosa, no se, tengamos sexo o pongámonos a analizar el avance tecnológico que nos propone Tokio. —Movi las manos sin sentido por mí cara—Por favor, bæ
Alexander me miró con incrédulidad
—¿Me estás ofreciendo sexo a cambio de que no entremos?—Se comenzó a reír, le di un puñetazo—Anda, que llendo o no a la casa de mi madre me darás sexo
Puse los ojos en blanco y toque timbre, la casa no era más que una gigante mansión. Había guardias aquí por lo que da a entender que después de todo, Alexander sigue protegiendo a su madre. Es entendible, después de todo ella es quien lo trajo al mundo
Ella misma abre la puerta, Camille William persona al cual me odia y el sentimiento es mutuo me abrió la puerta. Llevaba un resplandeciente vestido gris que resaltaba su figura física envidiable. Su sonrisa era falsa al igual que toda su cara siliconada. Se había estirado un poco la cara con cirugías, no lo digo yo, me lo contó su hijo.
—¡Hijo! Viniste—Sus ojos reflejan emoción, le da un cálido abrazo donde pude ver como lo miraba con admiración, bueno... Parece que ahora lo quiere.—¡Viniste acompañado!, ¿Tú eres...?—Alzó una ceja en mi dirección
Perra, me conoces perfectamente.
—La persona que asesinó a tu marido, un gusto.—Sonreí estirando mi mano en su dirección.
Sentí como Alexander me pellizco disimuladamente, lo miré con inocencia y él mostró sus ojos amarillos dando a entender que me comportara.
—¿Como olvidarte Katherine?—Se ríe forzadamente apretando sus dientes entre sí.—No te reconocí, estás distinta, ahora tienes flequillo.
De hecho, eso era real. Me habían hecho un flequillo desfilado y eso daba un cambio a mi rostro, según todos me quedaba bien pero por su rostro puedo darme cuenta que no le agrada mi cambio de look.
—Pasen.—Se hizo aún lado, Alexander poniendo la mano en mi espalda escotada me dió un suave apretón obligadome a caminar. Nos adentramos a la casa. —Veo que no han traído a mis nietitos...
Por que no confiaba en ti, maldita perra.
—Preferieron quedarse con su amiga Kylie, la hija de Lucas.—Contestó mi esposo con una sonrisa sincera.
—Oh, ya veo.—Hizo una pequeña mueca—Hoy seremos nosotros cuatro entonces... Pasen al living, les servire un trago.
¿Cuatro?
Cuando se fue pude admirar el lugar, era demasiado moderno; pantallas gigantescas de televisión, ventanales enormes y brillantes, paredes grises con cuadros negros, piso de madera y escaleras pintadas de blanco. Me agradaba la forma en la que decoraba, lamentablemente yo nunca tuve la posibilidad de decorar un hogar dado el hecho que no hay muchas formas de cambiar un castillo.
Pero igual, cada semana voy a cambiar la decoración de la casa de Caleb o James, esos dos me insultan a mil cada vez que me ven pasar por la puerta con bolsas llenas de pintura. Gracias a Dios, no se quejan y me consienten a la hora de decorarles la casa.
Me adoran
—Aquí tienen—Nos da copas de un líquido amarillo, espero que no sea pis. —Es champagne francés, un regalito de Alicia.
—¡Alicia!—Exclama con sorpresa—¿Cómo ha estado la pequeño engendro?
—Bien, está terminando su gira por el mundo, si no mal me equivoco está en China —Contesta dándole un trago a su bebida. Me reí internamente, ayer hablé con ella y me contó que está en México. Que mujer más estúpida tiene Alexander como madre. —Oh, Katherine, que calladita estás cariño.
¿Acaba de decirme cariño?
—No tengo nada para comentar, a diferencia de todos ustedes yo pienso mucho lo que digo para no cometer errores.—Confieso.
Camille me miró a los ojos achinando los suyos, me miró por unos segundos con suma irá para luego soltar una carcajada y poner su hipócrita sonrisa de vuelta.
—Siempre tan inteligente, mi nuera. Debes calmarte, siempre estás a la defensiva.
—Quizá por que todos lo que me rodean quieren mi muerte—Le di un trago a mi bebida—Soy bastante tediosa.
—Eh...—Alexander apreta los labios con incomodidad—Que espléndida estás.—La elogia. Ella arrogante levanta la cabeza poniendo una mano en su cuello, le di un gran rápido trago a mi bebida.
—Tú también hijo, estás cad...—No puede continuar de hablar dado que una voz masculina la interrumpe. Un nombre vestido con traje n***o bajaba por las escaleras con una mano en el botón de su smoking. Al llegar sonríe ligeramente con nerviosismo caminando hacia nosotros —Oh, eh... Él es Xavier.—Se tocó la nuca
Esto se pone interesante
Estire mi mano hacia el hombre sonriendo—Katherine Mclaren.—Me presento. Él con nerviosismo, hacemos un saludo formal apretando nuestras manos el una con la otra.
—Disculpa, ¿Que hacías en los dormitorios?—Alexander pregunta en dirección a el hombre, parece que la segunda planta solo son dormitorios y... Oh por Dios, tengo que grabar esto.
—Eso se los iba a explicar hoy.—Camille nos miró—Xavier y yo... Estamos en una especie de relación
La copa en la mano de Alexander se rompe.
Abro mi boca a lo más poder.
¿La pelinegra siliconada consiguió una relación con un Dios griego? ¡Encima es humano!
¡Perra, dime tú secreto!
—William Alexander—Se presentó estirando su mano en dirección de Xavier
—Alex, niño, seremos grandes amigos tú y yo.—Xavier se mostraba alegre, achine mis ojos. —Y obviamente, estableceremos una gran amistad con Kathy.
Me quise reír
—La confianza es una cualidad muy peligrosa, no hagas un diminutivo de mi nombre por favor; soy Alexander para tí. Y sobre mi mujer, ubícate, es mi mujer...
Mi brazo derecho se sujetó al brazo de Alexander, con nuestros brazos entrelazados clave mis uñas en su smoking y él me miró con el ceño fruncido.
—Estoy segura de que todos nos llevaremos de maravilla—Comenté. Recibí la sonrisa de todos en respuesta.—Mmm... ¿Cenamos?
—¡Claro!—Camille chillo—Ven hijo, te mostraré algo antes.—Tiró de su mano haciendo que yo deba soltar su brazo.
Ambos se van hacia otra sala mientras que yo miró mi copa de champagne sin saber que decir o hablar. Ahora entendía el por qué la madre de Alexander quería tener una cena con nosotros, quería hacer encajar a Xavier. Quería saber si su hijo estaba de acuerdo en esto
¿Alicia lo estaría?
Como la extraño.
—Tú historia con Alexander es muy reconocida por el mundo, soy profesor de historia en la universidad de la ciudad y estamos estudiando tu historia. Es muy interesante a decir verdad. —Rompe el silencio mientras mete las manos en los bolsillos de su pantalón.
—Lo sé, la otra vez leí un artículo sobre mi historia y me llegue a asustar por tanto que sabían de mi, han intentado sacarle información a mi ex sombra, James, me enteré.—Le doy un trago a mi bebida.—Me sentí como una famosa
—Eres la figura femenina más reconocida de todo el mundo, literalmente.
Y ahí cai en cuenta de algo. Esté idiota me veía la cara.
—¿Me estás intentando comprar, Xavier?—Pregunté alzando la copa un mayordomo rápidamente se acerca a servirme más—Soy lo suficientemente inteligente para darme cuenta que me alagas solo por qué quieres caerle bien a mi marido.
—Oh... ¿Fuí muy obvio?—Se toca la nuca con nerviosismo—Seguramente tu padre debe alagar tu inteligencia
«Eres un demonio. Nunca estaría felíz de tener un demonio como hija.»
Trago en seco y me muevo incómoda en mi lugar, ¿Justo tenían que hablar con Derek? ¡Aish!
—Escucha, Alexander no tiene una figura paterna y yo amo a Camille. Necesito saber si Alexander me aceptará, si me acepta daré el segundo paso que es proponerle casamiento a la mujer más hermosa del mundo.
—Llegaste tarde, ya me casé.
Él se ríe y yo copio su acción. Me está cayendo bien, y no lo digo por culpa de haber asesinado al padre de Alex, sino lo digo por qué es un carismático ser.
Y está más bueno que la lasaña.
—¿Interrumpo algo?—Alexander se acerca con el ceño fruncido, automáticamente dejamos de reír—Cariño, ven conmigo.—Estiró de su mano y yo la agarre caminando junto a él. Él pasa una mano por mí cintura y me agarra posesivamente.
Estaba celoso.
Comenzó a caminar a vaya saber dónde junto a mí, una vez ya por llegar a la otra sala me detiene y me da un abrazo undiendo su cara en mi cabello
—Mierda, has venido muy bonita aquí, la próxima vez me encargaré de que ese hijo de puta no te vea tan apetecible.—Acarició con su nariz mi mejilla—Ya me quito a mi madre, no permitiré que me quite a mi chica.
—¿Celoso, Alexander?
Me mira a los ojos—Llámame egoísta pero si lo veo hablando contigo, o simplemente riéndose como recién, le rompo el cuello.
Oh Dios... Está cena será muy divertida.