La invité a tomar asiento, ella miró con desinterés los elegantes sillones de piel que tenía al lado y volvió a mirarme con molestia. — Estoy bien de pie gracias... si no va a darme el trabajo dígamelo de una vez así no perdemos el tiempo tanto yo como usted. No dejaba de impresionante, tuve que contenerme mucho para no sonreír complacido por su actitud regia, sin duda esto era lo que buscaba en una asistente, una chica que no me tuviera miedo y no se dejara intimidar por mí, era consiente que no soy el mejor tomando decisiones por ende necesito a alguien a mi lado que no tenga miedo de corregirme, de decirme lo que hago mal y contradecir mis peticiones si es que me estaba equivocando y ella lo nota, sin importarle o sentir miedo a mi característico mal carácter, no soy perfecto necesito

