La raíz de todo

1407 Palabras
Mis ojos se llenan de lágrimas y comienzan a correr descontroladas sin yo ser capaz de retenerlas por más que lo intento con todas mis fuerzas, nada más doloroso que presenciar como el hombre que me juraba amor eterno hace unas horas se entrega y posee a otra mujer ante mis ojos. Sus gemidos y el sonido de sus cuerpos chocando entre sí lastiman mis oídos a tal punto de que juraría que podrían comenzar a sangrar, todo lo que estaba presenciando y escuchando era una completa tortura sin igual. Mi cuerpo comenzó a temblar sin control, la figura de cristal que llevaba en mis manos empezó a parecer de plomo, de repente era tan pesada que mis dedos no pudieron con ella, incapaces de sostenerla por más tiempo la dejaron caer. El sonido estruendoso del cristal chocando y quebrándose en miles de pedazos contra el piso de madera hizo que la pareja en la habitación se detuviera y voltearan a la puerta que habían dejado abierta solo para percatarse de mi presencia. Cuando mi novio me miró ahí parada sus ojos se abrieron tanto; su mirada de asombro junto con esa imagen de él encima de esa chica se quedó clavada en mi memoria... Me llevé la mano a la boca y salí corriendo del lugar, podía escuchar su voz desesperada gritando mi nombre con fuerza, pero eso no hacía más que aumentar el dolor que yacía en mi pecho ya entumecido; lo ignoré y sin detenerme salí del departamento. Ya era muy tarde la luz del sol había desaparecido completamente y la luna estaba en el punto más alto del oscuro cielo, rodeada de pequeñas estrellas ocultas entre las grises nubes; corrí lo más rápido que mis piernas me permitieron, sin rumbo en específico hasta que mis piernas no pudieron más, llegué a un parque solitario y con poca iluminación. Me senté bajo de un gran árbol y me apoyé en su áspero tronco mientras seguía llorando sin control, el dolor en mi pecho era como una quemadura al rojo vivo que me lastimaba con cada respirar en lo más profundo de mi ser. Aquella noche me permití llorar hasta quedar seca, no volví a ver jamás a ese chico, ya que me fui de la ciudad sin dudar, no quería verlo, ni que bajo ningún motivo el destino lo fuera a poner en mi camino así que decidí alejarme y regresar a mi ciudad de origen, de donde nunca tuve que haber escapado para irme con ese desgraciado. ... 3 años después... Los cristales de la habitación están sumamente empañados por la acalorada situación que se está desarrollando en el interior de la reducida habitación, una cita casual para ver películas en casa de un chico no tardó en convertirse en algo más, él en verdad no perdió el tiempo para empezar con sus movimientos y conseguir lo que en verdad quería de mí. Sus besos eran desesperados, rápidos y erráticos, recorrían mi cuello sin ningún sentido y con tanto esmero lleno de lujuria desbordante, como si tuviera meses sin tocar a una mujer. Hacía lo posible por evitarle el acceso a mis labios, escondía mi rostro en su cuello o simplemente me volteaba a otro lado, se separó de mí y de un movimiento rápido se quitó su camiseta dejando ver un fuerte y ejercitado torso, estaba a punto de quitarse los pantalones cuando lo interrumpí. — Oye... tranquilo, no me gustan las cosas rápidas, me gusta disfrutar y jugar un poco más... tenemos tiempo de sobra Con mi dedo índice le indiqué que se acercara de nuevo, ya me tenía sentada encima de un mueble, abrí aún más las piernas subiendo más mi falda ajustada por encima de mis muslos; su mirada se oscureció y poseído por la lujuria no tardó en acercarse de nuevo a mí. Me tomó por la parte trasera de mi cuello con toda la intensión de darme un pasional beso, pero levanté el rostro y tomé su cabeza llevándola a mi cuello nuevamente, no protestó siguió besando esa parte... sus manos estaban acariciando mis piernas poco a poco el interior de mis muslos. Esto no iba a llegar a más, no tenía ni una intención de hacerlo con él, además era algo que estaba específico en las reglas de mi servicio... No besos en los labios... No sexo... No enamorarse... Y la mía no estipulada, pero la primordial, era no ver al objetivo más de lo que era... un simple trabajo. Cuando estaba a punto de ponerle punto final al asunto para irme, la puerta de la habitación se abrió de una manera dramática, había una chica que echaba chispas al vernos, su rostro estaba rojo, sus ojos parecían arder en llamas, respiraba con dificultad, ya que era demasiado notorio el subir y bajar exagerado de su pecho; había abierto la puerta de una patada, mantenía ambas manos a sus lados echas puños y estas temblaban ligeramente mientras observaba al chico frente a mí. Él parecía estar en shock así que lo empujé alejándolo de mi cuerpo y saltando al piso bajándome del pequeño mueble en el que me tenía sentada y acomodándome la ropa con rapidez. — ¿¡Pero qué demonios significa esto Will?!. – La chica le gritó, su voz salió cargada de rabia, yo me escabullí para tomar mi bolso del sillón que estaba al frente. — Amor... tranquila, no es lo que parece. – El chico estiró ambas manos acercándose lentamente a ella como si fuera una animal que lo podría atacar en cualquier momento. — ¿¡No es lo que parece?!... ¡Los miré! ¡A ti y esta maldita...! La chica camina a pasos firmes y decididos hacia mí, retrocedo un poco, pero justo en ese momento el chico se para entre nosotras poniendo su cuerpo como escudo. — ¡Basta Ivanna, déjala! ¡No te atrevas a tocarla! Las palabras del chico causaron una dura impresión en ella, sus ojos se abrieron totalmente volteándolo a ver a él con desesperación y asombro absoluto, era esa mirada rota que transmitía un dolor interno inmenso, una decepción inmensurable, ella se encaminó a otro de los sillones y se sentó a llorar, dejando caer su cuerpo, como sus piernas fueran incapaz de seguir sosteniéndola de pie, tapando su rostro con sus manos y apoyando sus codos en las rodillas. El chico me volteó a ver de una manera extraña, pero ni siquiera le puse atención como para poder descifrar su mirada, no me interesaba tomé mi bolso y salí del lugar. ... Al día siguiente estaba sentada en una banca de un parque bajo la sombra de un gran árbol, con unos enormes lentes y una gorra que escondían más de la mitad de mi rostro, una chica llegó y se sentó al lado de mi era la misma del día de ayer, se le miraba triste, recaída y destrozada, con los ojos hinchados de estar toda la noche llorando probablemente — Gracias... aquí esta tu paga. – Ella me dio un sobre que rápidamente tome y guarde en la mochila que tenía a mi lado. — Lo lamento, sé lo que duele. – le dije con toda la sinceridad del mundo, yo había pasado por eso, sabía lo que se sentía. — Descuida, no es fácil claro está, pero lo superaré, en el fondo en verdad quería creer que él no era así, aunque ya estaba mentalizada para lo peor. Le di unas palmaditas en la espalda, ella me sonrió de una manera débil y se marchó; esta era la parte más dura del trabajo, que al final siempre terminaba viendo esas miradas de tristeza y corazones rotos de las chicas, era notorio como el brillo con el que llegaron y esa chispa de esperanza, estaba completamente apagada al terminar el trabajo. Nadie merece que lo engañen es mejor saber la verdad y eso me quedo claro desde hace 3 años cuando aquel novio que tuve me engañó durante un largo tiempo en el cual varios sabían, pero yo estaba tan cegada por mi amor que no fui capaz de verlo, sé que duele descubrir la verdad, pero es mejor que vivir engañada, el tiempo lo cura todo, lo que duele ahora el día de mañana se vuelve un simple recuerdo con el pasar del tiempo; con esa mentalidad decidí convertirme en lo que soy ahora una cazadora de infieles.
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