La chica seguía mirándome con ojos suplicantes esperando una respuesta de mi parte y yo no podía terminar de salir de mi asombro, me estaba ofreciendo demasiado dinero, era una suma exorbitante para mí.
— ¿Estás hablando en serio? – no parecía ser una broma, pero de igual manera no pude evitar preguntar, ella asintió, soltó mis manos y se regresó a su asiento.
— Con ese dinero puedes hacer lo que quieras, irte y empezar de nuevo en otra ciudad quizás, ese hombre es demasiado frívolo, será difícil, pero quién sabe quizás hasta tengas suerte y terminé enamorándose de ti y tengas a tu hombre guapo y millonario de en sueño.
La oferta era demasiado peligrosa como tentadora, no por el hecho de que ese hombre se terminara enamorando de mí o yo de él, estaba contra mis reglas y en mis planes de vida no estaba el compartir con una pareja el resto de mis días por el momento, pero mentiría al decir que esa cantidad de dinero no me estaba causando una tentación casi irresistible.
— Mira te dejo para que lo pienses, te mando mensaje mañana para ver que decidiste, considero que no tienes nada que perder con intentarlo, pero si mucho que ganar, considéralo por favor en verdad espero que aceptes.
Me dio un último apretón de manos y se marchó, me quedé sentada unos minutos más tratando de asimilar todo y regresar a la realidad...
…
De camino a mi departamento mientras conducía no podía dejar de pensar en la situación, la chica dijo que no tenía nada que perder y quizás no, pero si había riesgos y el principal era ese hombre, si las cosas salían mal por alguna razón y me descubría me preocupaba las represalias que podría tomar en mi contra, era un hombre con mucho dinero y poder seguramente, escapar de la ciudad no sería tan efectivo, estaba segura de que si era un hombre rencoroso me seguiría hasta el fin del mundo... pero 3 millones... ¿Valía la pena el riesgo?
Cuando entré a mi departamento lo primero que hice fue quitarme la peluca que tenía puesta, la bola de cabellos rubios quedó sobre mi sillón, me quité la media de la cabeza y liberé mi cabello color borgoña de su prisión, al observar a la cocina unos ojos color miel como los míos me observan molestos.
— ¿Lo hiciste otra vez Aitana?
Mi hermana más pequeña me observa con desaprobación, la pequeña Sofía era la única al tanto de mí "Trabajo" secreto con el que sinceramente no me iba nada mal, además de trabajar en un pequeño despacho como asistente que fue para lo que me preparé hace años.
— No sé de qué hablas...
Fui al baño para quitarme los pupilentes azules y guárdalos con el resto de mi colección, tenía de varios colores y tonalidades, Sofía me siguió, estaba tan cerca de mí que me fue imposible cerrarle la puerta para evitarme su drama.
— No te hagas... no me gusta eso que haces hermana, puede ser peligroso.
— Tranquila Sofía, tengo más de 2 años haciéndolo y nunca ha pasado nada, relájate, sé muy bien lo que hago.
De camino a la cocina podía escuchar sus pasos aún detrás de mí, abrí el refrigerador para tomar una botella de agua y ella no hacía más que mirarme con tristeza, había algo que quería decirme, la conozco bien.
— Aitana sabes que yo te quiero mucho, no me gusta meterme en tus asuntos, pero no puedo evitar preocuparme, sé que tomaste la decisión de hacer esto a raíz de lo que te paso con Giovanni.
— No lo hago por él del todo, quizás fue la razón por la que inicié con esto, pero hasta el día de hoy lo hago solamente para ayudar a mujeres que buscan descubrir la verdad y que se deshagan de un parásito, nadie necesita un infiel a su lado.
— Eres la vengadora de engañadas entonces.
— Prefiero el título de cazadora de infieles... es como me han bautizado mis clientas y me gusta más.
Le guiñé un ojo y me fui a sentar a la sala, ella me siguió y se sentó frente a mí, Sofía es mi hermana más pequeña, nos llevamos 5 años. Ella es una chica tímida, introvertida y algo temerosa, tiene una personalidad tranquila y una actitud un tanto pasiva, pero es muy protectora, su más grande defecto se podría decir, se preocupa por todo y lo sobre piensa es un tanto ansiosa.
En parte ella es lo contrario de mí, no soy un desastre ni problemática, pero tengo más facilidad de palabra, no soy penosa ni introvertida, sería un problema para los trabajos que tengo.
Sofía y yo siempre fuimos muy unidas, más que solo hermanas éramos amigas, cómplices, no había secretos entre nosotras nos contábamos todo, y ahora le diría lo referente a esa propuesta de trabajo que tenía en mi cabeza dándome vueltas como loca, quizás su opinión podía ayudarme a aclarar mi mente.
— Sofía tengo algo que contarte... me llegó una propuesta de trabajo que me tiene muy pensativa.
— ¿Del trabajo de cazadora o asistente? — Ella me preguntó sonriente no pude evitar hacer lo mismo.
— De cazadora...
Procedí a contarle todo lo que me dijo aquella chica, desde el principio su rostro se desencajó, sin entender del todo aquella extraña propuesta, así como me había pasado a mí con aquella chica, pero conforme avanzaba en la historia ella llegó a un punto en que se quedó completamente seria no me era posible adivinar sus pensamientos o leer su rostro, cuando terminé seguía callada y muy pensativa.
— ¿Y bien qué piensas?... – Ella parpadeó rápidamente volviendo a la realidad, parecía haberse perdido en sus pensamientos, pero se compuso de inmediato cuando le hable, me pregunto si de verdad me estaba escuchando.
— Bueno... Aitana, pienso igual que tú, es mucho dinero, pero también podría ser demasiado peligroso considerando el tipo de hombre que es tu objetivo, no conoces los límites del poder de una persona con dinero y te aseguro que no sería bueno encender su ira para averiguarlo, esto no es como otro de tus trabajos para atrapar un infiel, esto es tender una trampa prácticamente para hacer caer al hombre, jugar con él, engañarlo.
— Pero son 3 millones Sofía...
— ¿De qué te servirían 3 millones si ese hombre te aplasta como un insecto si te descubre?... recuerda que en este trabajo tendrías que usar tu verdadera identidad, no habrá disfraz de por medio, tendría total acceso a ti, si se propone a investigar podría darse cuenta de lo que haces... te aconsejo que no lo hagas Aitana, si fuera en otras circunstancias estaría hasta cierto punto considerable, pero tenderle una trampa...– ella negó con la cabeza. — Con ese tipo de hombres no se juega de esa manera.
No era tonta, en todos mis trabajos tanto a como a clientas como objetivos nunca les di mi verdadero nombre, al darse cuenta de esos las clientas me empezaron a llamar cazadora, respetaban mi privacidad y apoyaban mi anonimato, lo cual me motivó a seguir con esto, parecía tener apoyo de su parte, así que, aunque me investigara este hombre no encontraría nada sobre eso.
Lo cierto, era que si se ponía a escarbar más allá de los límites profesionales y por alguna razón fuera de mis manos me descubría tendría problemas, había muchos riesgos en el camino, pero quizás mi hermana tenía razón, esos 3 millones, así como podían mejorar mi vida podían truncarla de varias maneras.