Los fines de semana siempre trabajaba desde la oficina de mi casa, curiosamente es el primer día que se me está haciendo eterno sin Aitana, en casa no tenía a nadie a quien molestar más que mi nana Maggie, pero ella sin duda me golpearía con un sartén. Miré a mi alrededor mi oficina era un caos por todos lados, Margarita no entraba a limpiar aquí yo se lo pedí, ya que había muchos documentos importantes que después no iba a encontrar por no saber dónde los dejó, pero al final de cuentas ni yo mismo podía encontrar nada en este caos, mis faltas de habilidad con la organización de tiempo y papeleo no era un secreto para mis conocidos, pero trabajar de esta manera era tan estresante como antes en la oficina. Me dejé caer en el respaldo de mi silla de piel, miré con detenimiento y tentació

