Sangre, dolor, lágrimas. Zachary me tenía amarrada de brazos en los caños de calefacción de la habitación. Yo trataba de no gritar por el dolor desgarrador en mi pequeño vientre. Él era muy grande para mi cuerpecito de ocho años. Cada vez que gritaba o lloraba, él me golpeaba. Mi nariz sangraba, me dolía todo el cuerpo. Cuando terminó de hacer lo que mi papi le hacía a sus prisioneras, me desató. Yo tomé su arma, que estaba a mi lado. No quería matar a una persona. No quería volverme igual que ellos. Él se rió burlonamente al verme sosteniendo esa cosa horrorosa. -¿Qué vas a hacer, eh? -dijo, acercándose a mí y quitándome el arma- ¿Querías hacer esto? -me disparó en la piernita y yo chillé- -¿Qué sucede aquí? -dijo mi padre entrando a la habitación- -¡Papi! -corrí a esconderme en sus

