Serena no podia creer que estuviera saliendo de aquella librería juntio a Ricardo Marroquín. El no había dejado de hablar por teléfono, y ella no podia evitar sentir pena por la persona al otro lado de aquella llamada, pues el señor Marroquín estaba realmente enojado; gritaba compo loco, maldecia y decia que despediria a alguien, ¡pobre de los empleados de ese hombre! penso. Llevaban algo de unos diez minutos de haber subido en el auto y no habían avanzado, el señor Marroquín ni siquiera había encendido el auto y Serena comenzaba a sentirse incómoda. Cogio uno de los libros de su bolsa y empezó a hojearlo, fingio leer un rato aunque no podía hacerlo, estaba muy concentrada en la conversación del señor Marroquín.-Sé quien eres -le susurro Luz que iba sentada a su lado en el asiento trasero

