Ricardo estaba parado frente a Ricardo, al menos su cuerpo, sus pensamientos se habían ausentado. Gustavo no para de hablar de los diminutos piececitos de su recién nacido y a Ricardo le emocionaba que su sobrino estuviera bien, de verdad le emocionaba y quería escuchar a su hermano y compartir su felicidad, pero solo pensaba en la chica de guantes largos y en el maldito de Zacary Lincoln caminando a su lado, aquello fue como ver a un lobo llevándose a un inocente cordero, por lo general, Ricardo era el lobo, pero le habían robado a su presa y eso hacía que la quisiera aún más. La voz de Gustavo se oía lejana, como una suave música de fondo para los pensamientos de Ricardo. -¿Qué ocurre, hermano? -preguntó Gus alzando un poco la voz, aquellos dos decibeles de más, hicieron que Ricardo vo

