Capítulo 8: Otra Revelación Impactante

1828 Palabras
Jay —¿Alguien te ha dicho alguna vez que eres un pesado? —le pregunto a Enzo mientras se sienta a mi lado en la cama. —Nunca me han acusado de eso, pero soy un hombre muy ingenioso y puedo pensar en muchas otras formas de cansarte — responde con una sonrisa pícara. —¿Podrías parar ya? Eres terrible —digo, pero no puedo evitar reírme. —Cuando Marcello me contó sobre Anne y Alfonso, investigué un poco. Obviamente, quería matarlos, pero Marcello me hizo prometer que me mantendría al margen. Mereces divertirte un poco, y nunca te negaría nada. Pero si nos encontramos con tu ex, y dice algo que no me gusta, le daré un golpe en la cara. —Pagaría buen dinero por ver eso. Gracias por ayudar y por no matarlos, supongo —digo y sonrío. —Te ves aún más hermosa cuando estás feliz —dice con ternura y lo miró. —Gracias por el cumplido, pero prometiste concentrarte. —Lo hice, ¿verdad? —dice, se ríe y yo solo sacudo la cabeza —. Tan pronto como traigan al Doctor, podemos charlar con él. No solo ayudó a Anne a cambiar el informe de ADN, ha sido su amante durante los últimos cinco años. Se conocieron antes de que Alfonso la encontrara. Está embarazada de tres meses del hijo del doctor que planean hacer pasar por el de Alfonso. Se supone que él también la ayudará a falsificar esa prueba de paternidad. Vaya, realmente es más despreciable que la peor escoria. —Parece que tiene todo este engaño planeado. ¿Sabemos quién es realmente? —Aún no, pero pronto lo sabré. Ni siquiera él conoce su verdadero nombre. La conoce como Carmen Hendricks, pero la verificación de antecedentes que hice muestra que Carmen Hendricks murió en un accidente de coche aproximadamente antes de que el Dr. Edwards conociera a Anne. Ella asumió su identidad. Necesitamos sus huellas dactilares para poder hacer una comprobación. —No debería ser difícil obtenerlas. Pero no planeé que me viera todavía. Solo en el baile de Nochevieja. Tendré que conseguir un disfraz —digo, tratando de idear un plan sobre la marcha. —No te preocupes por eso. Puedo conseguirlo. Solo que no quería hacer nada sin tu consentimiento. Este es tu asunto y Marcello y yo somos tu apoyo —dice, haciéndome sonreír. —Aprecio la ayuda. Estoy segura de que tienes mejores cosas que hacer que ayudarme con mis locos planes, —Te lo dije, Jay. Siempre serás lo primero. Estoy aquí para lo que haga falta. —Hmm, está bien, gracias. Te lo agradezco —digo, porque no sé cómo más responderle. Intento levantarme, pero él toma mi mano para detenerme. Lo miro, y me sonríe. —Sé que tienes muchas cosas en la cabeza ahora mismo y que has pasado por demasiado. Quiero que sepas que te apoyaré en cada paso del camino. Tal vez sea un poco insistente, pero solo es porque he estado soñando con verte de nuevo durante quince años. Perdimos tanto tiempo… y pienso asegurarme de que lo recuperemos —dice, y suena completamente sincero. —Lo siento, Enzo, no puedo recordarte. Necesitaré tiempo para conocerte de nuevo y para volver a ser yo misma. Durante el último año, he estado en un estado de entumecimiento. Anne pudo haber matado a mi bebé, pero Alfonso es el responsable. Se suponía que debía protegerme a mí y a nuestro hijo. Pero fue él quien trajo a Anne a nuestras vidas, repetidamente puso sus necesidades por encima de las mías y las de nuestro bebé. Solo podré ser verdaderamente libre cuando haya vengado a mi hijo y destruido la vida de Alfonso —digo, y él asiente. Él también se levanta y toma mis manos entre las suyas. —Entiendo y, como dije, te ayudaré con lo que necesites. Todo lo que pido es que me dejes entrar. Déjame ser el hombro en el que elijas llorar, como lo hacías cuando éramos pequeños. Solo quiero una oportunidad para ganarme tu corazón. Pero no puedo hacerlo si siempre me vas a alejar. Por favor, déjame ayudarte con tus planes —dice, y lo miro. Esta vez lo miro de verdad, no como antes. Puedo ver la sinceridad y la emoción en sus ojos, y tengo que admitir que estoy un poco sorprendida. Realmente se preocupa por mí. Pero yo no soy esa niña que él recuerda. La vida me ha enseñado algunas lecciones duras y mi inocencia se perdió hace mucho tiempo. He tenido que adaptarme a mis circunstancias y perdiendo un poco de la mujer que era en el camino. Mi corazón ha sido destrozado irremediablemente y no creo que sepa cómo dejar entrar a alguien de nuevo. Solo no quiero decepcionarlo. Él merece conocer esta nueva versión de mí, tengo que admitir que estoy muy curiosa sobre él. Quiero entender por qué me afecta tanto. —Para ser honesta contigo, mi mente está en todas partes ahora mismo. Intentaré no alejarte, me gustaría conocerte y que tú me conozcas tal como soy ahora. Pero necesito concentrarme en mi misión. Significa demasiado para mí. Eres una distracción que no esperaba. —Admito que puedo ser muy distractor. Pero intentaré darte el espacio que quieres, mientras te ayudo a reconstruir tu vida. Solo por favor no me dejes fuera. ¿Entonces, hay trato? —Puedo aceptar esos términos. Tienes un trato, Sr. Romano —digo, extendiendo mi mano. Él sonríe y toma mi mano, pero luego me acerca y besa mis labios con suavidad. Se movió tan deprisa que no tuve tiempo de reaccionar. Se aleja y me mira con una sonrisa pícara. —Desde mañana. Después de todo, todavía es Navidad —dice, y no puedo evitar sonreír —vas a volverme loca, ¿verdad? Oh, eso espero yo —admite con un guiño, y solo sacudo la cabeza. Oh... este hombre. Alfonso Esta ha sido la peor Navidad que he tenido en mucho tiempo. Mi maldita esposa parece haberme dejado, y mi abuelo está comportándose como un idiota. ¿Qué le pasa a todo el mundo? Pasé la mayor parte del día tratando de calmar a Anne porque estaba haciendo una rabieta por cómo la trató el abuelo. Puedo ver que Joel está preocupado, porque él y mi abuelo siempre han sido cercanos, lo ve como una figura paterna. Quizás debería dejar que hable con mi abuelo. Tal vez él pueda llegar al fondo de su comportamiento. Estoy seguro de que Jay tiene la culpa de esto. Se fue sin decir una palabra. ¿Por qué haría eso? Maldición, solo necesito calmarme. Puedo arreglar lo que sea que esté mal, solo necesito concentrarme. Tengo a todos mis hombres buscando a Jay y deberían encontrarla. No voy a dejar que se escape tan fácilmente y pueda olvidarse del divorcio después de la jugada que hizo hoy. Pero ahora mismo, necesito dormir un poco. Tal vez las cosas mejoren por la mañana. Tuve que dormir en el apartamento del ático que conseguí para mí y Anne. No hay malditos muebles en mi casa. Anne todavía estaba enojada, así que durmió en casa de sus padres. Pero está bien, necesito reiniciar. Bebí unos cuantos vasos de whisky escocés antes de meterme en la cama. Sorprendentemente, me dormí de inmediato, pero me despertó el teléfono sonando sin parar. ¿Quién diablos me está llamando a esta hora? Pero luego ví que ya eran más de las 7 de la mañana. —Alfonso Du Pont —digo cuando contesto la llamada. Ni siquiera revisé quién llamaba. Estaba un poco resacoso. —Señor, es James. Todavía no hemos podido localizar a la Sra. Du Pont. No se ha registrado en ninguno de los hoteles de la ciudad, y no abordó ningún vuelo. Tenemos una alerta en su pasaporte y tarjetas en funcionamiento. Tan pronto como use cualquiera de ellos, sabremos dónde está. ¿Puede pensar en algún lugar donde se quedaría? ¿Un amigo o familia tal vez? —pregunta James. —Solo mi abuelo, pero ella no está allí. Él tampoco sabe dónde encontrarla. Sigue buscando, por favor. Podría estar herida en algún lugar o peor —digo, él está de acuerdo antes de colgar. —¡Mierda! ¿Dónde diablos estás, Jay? —grité con frustración. Me levanto y me preparo un café para poder enfrentar el día. Tengo que encontrar a mi esposa, hacer que mi abuelo se tranquilice y hacer que Anne deje de hacer berrinches. Me doy una ducha rápida y luego voy a la finca de mi abuelo. Empezaré con él. Tal vez Jay lo contactó de nuevo. —Buenos días, abuelo. ¿Cómo te sientes hoy? —le pregunto cuando lo encuentro sentado en el sofá de la sala. —¿Ya encontraste a mi nieta? —responde, ignorando por completo mi pregunta. Frunzo el ceño. —Esperaba que ella te hubiera contactado. James no puede encontrarla. No se ha registrado en ningún hotel de la ciudad ni ha usado ninguna de sus tarjetas. Empiezo a preocuparme. ¿Y si le pasó algo? —digo, sentándome frente a él. —Te dije que no se te permite volver aquí hasta que vengas con Jay. Ahora vete y encuéntrala —dice el abuelo, sorprendiéndome lo enojado que se ve. —¿De verdad hablas en serio? —le pregunto. —Sí, ahora vete —dice, volviéndose para mirar por la ventana. —Realmente necesito a mi abuelo ahora mismo. Mi esposa está desaparecida, y no sé si está herida o peor —digo, y él me mira. —¿Dónde estaba esta preocupación por tu esposa cuando te acostabas con su hermana? Si te dejó, entonces solo tú tienes la culpa. Ve a buscarla y haz las cosas bien. Pero primero deshazte de esa mujer serpiente con la que te acuestas —dice, antes de levantarse y alejarse. ¿Habla en serio? ¿Cómo puede saber sobre mí y Anne? Siempre he sido cuidadoso con él. ¿Eso significa que Jay también nos sospecha? ¡Mierda! Tengo que encontrarla. Solo ella puede arreglar este lío con el abuelo. Me va a desheredar y quitarme la empresa si no recupero a Jay pronto. No puedo entrar en pánico ahora mismo. Tengo que ser proactivo. Saco mi teléfono para llamar a James, pero veo que Joel Walters me está llamando. —Oye Joel —digo cuando contesto. —¿Qué diablos está pasando, Alfonso? ¡Ven aquí ahora mismo! Tienes mucho que explicar. Estás arruinando la reputación de mi hija. ¡Ven aquí y arregla esto ahora! —dice, colgando antes de que pueda preguntar de qué está hablando. Llamé de nuevo pero no contestó. Maldito sea. Ahora tengo que ir allí, y ni siquiera sé qué carajos está pasando. Este día está empezando tan mal como el día de Navidad. En verdad necesito a Jay ahora mismo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR