Capítulo 7

2195 Palabras
Al llegar a casa no tuvo tiempo de subir a dejar sus cosas, su padre le arrastró hacia la cocina y le dio instrucciones para hacer patatas con carne al punto. -¿Cómo te ha ido hoy pequeña?- su padre ponía la carne en el asador- ¿algo interesante? Roonie quería y estimaba a su padre, pero a pesar de todo no tenía la confianza suficiente para contarle abiertamente de todo. -Bien papá-le sonrío- la mayoría de los profesores me dieron una grata bienvenida. Pero no le surgió escuchando, la carne se había quemado. Cuando terminaron de comer y lavar los platos su padre quedó en el sofá trabajando y Roonie subió rápidamente a cambiarse. Una larga ducha y un vestido n***o en conjunto de zapatos del mismo color le daban un toque ya de modelo. No tenía absolutamente nada que hacer, no quería pintar y como su situación social no era la mejor se recostó pensando en esos ojos verdes que había evitado pensar. Artemis se le venía a la mente en cualquier segundo del día, le disgustaba y a la vez deseaba verla, aún no tenía claro lo que sentía por la pelinegra, pero estaba claro que sus sentimientos iban más allá de lo que imaginaban. Ya por la mañana vistió el uniforme enérgicamente, hoy tendría su ansiada salida con su profesora. Su madre condujo sin prestarle atención, se extrañó de que no dijese su típica habladuría de lo que hacían en el club, solo una mirada distante estaba en su rostro. -Madre-le llamó, pero no le dirigió una mirada- madre.. -¿Qué?- ya estaban llegando a la escuela. -Hoy me quedaré en la escuela un poco más tarde, me irán a dejar después- le miró de reojo -Vale Le dejó en los estacionamientos sin volver a hablarle. El día transcurrió lento, las horas parecían no avanzar torturándole hasta que finalmente llegó la hora de salida. Cogió sus cosas ¿Qué debía hacer? ¿esperar a Artemis afuera? Se lo pensó hasta que sus pies automáticamente la llevaron a la oficina de la ojiverde. Tocó unas veces pero al parecer su profesora no estaba dio media vuelta y se encontró con el rostro de Artemis a pocos centímetros de distancia. -¿ya estas lista cariño?- Roonie estaba hipnotizada con esa boca roja y gruesa, y qué hablar de sus ojos, no podía dejar de mirarle, le había extrañado, no podía negarlo. Por su parte Artemis también había quedado  prisionera de la hermosa rubia que tenía al frente. Reconoció esa mirada de ¿deseo? En sus ojitos grises, ¿así que Roonie sentía algo por ella? ¿esto tal vez era un sueño? No pudo alejar sus inquietas manos a tiempo, pero se contuvo lo suficiente como para solo acariciarle el suave rostro. Las manos de Artemis le relajaban enormemente, se dejó llevar un segundo por la caricia ¿podía dejar entrar a Artemis en su vida? ¿podían estar juntas? Su mente corría a cada segundo con ese pensamiento ¿podían? -¿Vamos?- la ojiverde se había separado de ella- ¿o esperas quedarte ahí por siempre? La pelinegra soltó una risita que hizo bombardear el corazón de Roonie, era una risa hermosa. * Habían subido al auto de Artemis conversando, Roonie hace mucho tiempo que no sentía ¿comodidad? Con una persona, más bien se sentía relajada y alegre al lado de la pelinegra que no le quitaba un ojo de encima. -¿Donde iremos profesora? -Te he dicho que puedes llamarme Artemis cariño- Roonie suspiró. -¿Donde iremos Artemis? -Así me gusta- le guiñó un ojo- en el centro de la cuidad está la galería, es pequeña pero buena, espero que te gusté. -¿Ya has ido? -Sí, hace un año atrás, es un buen amigo mío- Roonie sintió una punzada de celos, pero rápidamente la disolvió mirando al hermoso paisaje antes de llegar a la cuidad. -Te gusta observar el paisaje ¿no?- de vez en cuando miraba absorbida a la rubia. -Sí, es hermoso- igual que tú, pensó Artemis, pero no quería arruinar la amistad que la rubia le había entregado. El resto del camino fue en silencio, el viaje no se sintió incómodo, más bien era el mejor viaje que había tenido Roonie de hace tiempo, ahora resultaba que cada momento junto a Artemis era inolvidable. La pelinegra se estacionó a unas cuadras de la exposición, para Roonie todo un infierno, debía caminar junto a Artemis, en la calle. ¿acaso no sabía que nunca habitaba espacios públicos? Y si lo hacía eran espacios cerrados, no abiertos. Sintió temor y se quedó paralizada junto al auto. Artemis le miraba interrogante, nunca había visto esa actitud de la rubia. -¿Qué te pasa cariño?- la pelinegra se le acercó hasta quedar frente afrente. Roonie negó con la cabeza y la bajó intentando ocultar su vergüenza. -Vamos cariño, puedes confiar en mi- sorpresivamente la pelinegra le había abrazado, sus brazos alrededor de su cintura y el cuerpo pegado al suyo le hicieron temblar de pies a cabeza. -Me da vergüenza caminar por las calles, yo nunca..- pero la pelinegra se había separado y ahora solo sus brazos se apoyaban delicadamente en las caderas de la rubia. -Roonie cariño, tú no debes sentir vergüenza, vergüenza hay que tener cuando hacemos cosas que no corresponden- se le acercó- eres maravillosa, y créeme que caminar por la calle si lo intentas no es algo grave, vamos iremos juntas ¿vale? La rubia le miró con miedo, pero aún así aceptó la mano delgada de su profesora. Caminaron al paso de Roonie por las calles, solo algunas miradas dirigidas de algunos viejos y hombres grandes le asustaron, pensó en volver al auto. Pero allí estaba Artemis, desafiando con la mirada a los hombres sin cerebro y ahuyentándolos de allí, Roonie se sentía profundamente agradecida y protegida, de la mano caminando por la calle con Artemis ¿Quién lo pensaría? Llegaron a un gran local que abarcaba la calle entera, entraron por la puerta principal aún de la mano, Artemis miraba a todas las direcciones buscando quién sabe qué. Hasta que un hombre bajo, calvo y lentes grandes se les acercó. -Artemis tanto tiempo- la pelinegra le saludó de dos besos en cada mejilla, el hombre hizo lo mismo. Roonie se había distraído viendo el enorme piso, adentro había un gran candelabro n***o que abarcaba toda la sala, las paredes pintadas de blanco brillante y los cuadros negros le daba un toque grotesco, aún asi le gustó. -Ella es Roonie- acercó a la rubia- Roonie el es Fabrizio. Roonie asintió en dirección al hombre más bajo que ella, le analizaba de pies a cabeza. -Un gusto señor- le dirigió una mirada indiferente, el hombre negó lentamente. -Pueden entrar, Artemis no te importa si hago el recorrido con ustedes? -Sería un placer Frabrizio Roonie iba a la par de los dos, no estaba pendiente de su habladuría, ni tampoco de los cuadros que de a poco pasaban, más bien se sentía un tanto ofendida que la pelinegra no le prestara atención. Pero supo disimularlo hasta un cuadro que llamó especialmente su atención. Era n***o al igual que todos, pero dos enormes ojos sangrantes y azules le miraban atentamente. Se quedó pasmada, un extraño sentimiento le embargó, se quedó un buen rato allí mientras Fabrizio y Artemis hablaban. -Veo que te ha gustado el cuadro- Fabrizio le miraba aún expresión alguna. -Ajá -A veces mirar nos hace daño ¿sabes? -la rubia volvió a mirar el cuadro, esa mirada trasmitía todo, dolor, amor, un mar de expresiones cruzaron por su cabeza. -Es hermoso -lo es- Fabrizio se quedó unos segundos en silencio- este cuadro lo es todo, es el cielo, las estrellas, el mundo, nosotros, es tú, es la vida. -Así me siento cuando lo veo Fabrizio le sonrió, luego volvió a hablar con Artemis, quien estaba atenta a la conversación de la rubia. Al final del recorrido Fabrizio se despidió de un beso en la mejilla de las dos, desaparecido tan misteriosamente como llegó. -Le has interesado cariño- la pelinegra le miraba atentamente. -lo sé- suspiró- ya es hora de que vuelva a casa Artemis -pues vamos cariño- le alargó la mano, Roonie la tomó alegre. Caminaron de vuelta al auto, las calles ya no se hallaban tan atestadas de gente como hace unas horas lo había estado. La pelinegra amablemente le abrió la puerta, para luego subirse y ponerse en marcha. -Lamento no haber estado tanto contigo cariño- la pelinegra le miró- Fabrizio es una de esas amistades que no lo ves hasta que el destino te hace encontrar con él. La rubia asintió, por primera vez le sonrió a Artemis, se sintió desfallecer pero aún así continuo manejando. -¿Qué cuadro le ha gustado profesora? -El mismo que a ti- la rubia le miró- y no me digas profesora, no estamos en la escuela -Lo siento, a veces lo olvido. -Te apetecería antes de llegar a casa pasar a tomar unas bebidas? -claro Condujo unas calles hasta llegar a un local muy concurrido de gente. Artemis sin preguntárselo pidió dos bebidas. Cuando se las trajeron le advirtió. -Roonie, esta bebida es la típica de este lugar, es sabrosa pero contiene alcohol -No se preocupe, no soy de tomar bebidas alcohólicas, pero por mi está bien- la rubia tomó un sorbo, era maravilloso, era una mezcla de limón con agua y un trago que no supo identificar, se lo bebió a los pocos minutos, era adictivo, pidió a Artemis si podían beber otro. -Por supuesto cariño- le hizo una seña a quien les atendía- esta bebida se llama lengua de fuego, puede ser transparente al tomártela, pero luego tu lengua se volverá rojo fuego. Roonie rio, sentía una cálida sensación en su estómago, su cabeza se sentía relajada, cuando llegó el otro lengua de fuego no tardó en beberlo, la rubia de a poco comenzó a hablar cosas sin sentido, Artemis le miraba preocupada, cuando la rubia le pidió un tercer vaso quiso poner punto final, dejó que bebiera uno más, en total la rubia había tomado cuatro lengua de fuego, no había notado ni tampoco se le había pasado por la cabeza que la rubia tuviera tan poca resistencia al alcohol, ahora tenía a una Roonie fuera de sí. Pagó las bebidas y tomó a la rubia de la cintura. Esta rio diciendo incoherencias e intentó darle un corto beso a Artemis, pero esta le corrió la cara y continúo avanzando entre la multitud. Llegar al auto fue un sacrificio, la rubia se distraía con todo y reía fuertemente, le subió con cuidado y de inmediato puso el auto en marcha. ¿Qué debía hacer? Esto se le había salido de control, decidió ser responsable y dejar a la rubia en su mansión y si era necesario explicarle la verdad a sus padres, eso quizás le costaría su trabajo, pero mientras Roonie llegara a salvo nada le importaba. El camino de regreso debió prácticamente amarrar a la rubia con el cinturón, seguía riendo con lo que se le cruzase por los ojos, de vez en cuando se acercaba a la pelinegra lentamente y le daba cortos besos en el cuello, Artemis dudaba si podía aguantar hasta llegar a la mansión, le alejaba apenas sentía la respiración de la rubia en su cuello, esta nueva y extraña versión de Roonie le daba gracia y a la vez se moría por darle los besos que tanto ansiaba darle la rubia. Llegaron veinte minutos después, ahora el problema sería bajarla, comenzó a desbrochar su cinturón, la rubia seguía riendo, cuando logró sacárselo la rubia se abalanzó contra ella, quedando sobre con sus piernas abiertas sobre las de ella. -No..sabe-es cua..n..to....-la rubia comenzó a olisquear el cuello de la pelinegra, moviendo sensualmente sus caderas- e-eres m...ara..villosa Artemis luchaba por quitar cuidadosamente a Roonie y sus labios de ella, pero a cada movimiento de la rubia sentía su decisión de no hacerle nada ceder. -Roonie estas totalmente bebida-la rubia había intentado besarle- lamento haberte hecho esto pero debes controlarte, ahora mismo te llevaré a la mansión... -N..o- la rubia se movía sobre ella, suspirando pesadamente- haz-zme t..uya -Roonie..- iba a sacarle de encima, pero la rubia fue más rápida y unió sus labios torpemente. Artemis perdió el control, entró a la boca de la adolescente y bajó sus brazos hasta rodearle la cintura. El beso fue torpe, Roonie aún tenía conciencia de sus actos, pero quería continuar besando a su profesora. Artemis seguía dentro de la boca de la rubia, que de apoco quería mas y más de la pelinegra. -Roonie debe..mos parar -no, h..azme t..uya- soltó un corto gemido cuando Artemis posó una de sus manos en su trasero. La pelinegra necesitaba esto, quería hcer suya a la rubia, pero en su condición no quería aprovecharse. Roonie comenzó a tocar desde su garganta hasta sus senos, no se resistió a soltar un gemido. -te haré mía, no aguanto más Artemis estaba dispuesta a tomar a la rubia, pero un fuerte golpe en la ventana hizo que pararan de inmediato.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR