Capitulo 38

3253 Palabras

—Ella siempre pensó en mí con cariño, ¡pobrecita! —dije—; y yo siempre traté de protegerla cariñosamente. Dije estas palabras con el tono más estimulante que me fue posible hallar. A decir verdad no quise ensañarme con la muchacha irritándola con mis réplicas punzantes. En el primer instan- te no advertí en ella más que su ira. Ahora sólo sentía su infortunio, y éste va unido común- mente a la insolencia, en los humildes. Mi respuesta ablandó a la coja Lucy. Inclinando su cabeza la apoyó en el extremo de la muleta. —Yo la quería —dijo suavemente la muchacha—. Su existencia había sido miserable, Míster Betteredge; gentes viles la habían maltratado, llevándola por el mal camino…, pero eso no consiguió hacerle perder sus dulces maneras. Era un ángel. Hubiera podido ser feliz a

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