Mariana estaba feliz por todo lo que había logrado desde hacía un par de días. Las cosas con Alexander Maddox iban viento en popa y los encuentros “fortuitos” eran cada más seguido. Compartían más que simples miradas y sonrisas, ahora también besos. Y, Dios, Mariana enloquecía de deseo cada que tenía la oportunidad de robar uno o dos besos al sexy empresario durante la jornada laboral. Sin embargo, no había ocurrido nada más que eso y Mariana quería dar el siguiente paso. No quería ir “despacio”, la paciencia no era su fuerte, pero, por el momento, no tenía más opción que esperar a que las cosas siguiesen su cauce natural. Durante estos días también había notado a su hermano decaído y supuso que ya estaba al tanto de que ella llevaba la delantera. Bueno, eso era un poco más que evidente

