Al día siguiente las cortinas son corridas haciendo que los rayos de luz entren por la ventana, impactando con el bello rostro de Víctor que se sobresalta abriéndose mala gana los ojos, pero un fuerte dolor provoca que los cierre rápidamente. —¡Cierren las malditas cortinas! —protesta Víctor—. ¡La maldita cabeza me va a explotar! —Debiste pensar en eso antes de llegar totalmente borracho. Tómate las pastillas que te he traído y, ¡Levántate antes de que mi abuelo se entere! —lo regaña Celeste. Pero Víctor no toma en cuenta las amenazas de su hermana, tomando la cobija y arrojándosela en la cabeza. Celeste arruga la nariz molesta por el comportamiento de su hermano. Agarra la cobija arrebatándosela dejándolo solo en su pijama que Adolfo le ayudó a ponerle para que nadie se enterara de

