Camila al escuchar esas palabras le causan un hormigueo en medio de las piernas, no sabe si es por miedo o emoción y quizá sea efecto de ambos. Pero salen de la habitación donde se encuentran con Adolfo sentado en el mismo asiento. La castaña siente como las mejillas se le calientan debido a la vergüenza porque ahora se acuerda que acaba de estar gritando de placer a pocos centímetros de él. Pero Adolfo está como si no pasara nada y es que él conoce bien a su jefe, así que todo lo que ha escuchado no es nada nuevo. Camila ignora todo eso y toma su lugar en uno de los asientos. Pero al sentarse percibe un pequeño dolor que si bien no es muy fuerte sabe que lo más probable se deba a lo que acaba de pasar, hace un rato e intenta acomodarse de una manera que me resulte más cómoda. Víctor,

