—¡Camila! —grito Víctor mientras persigue a la mujer que baja por las escaleras con rapidez y lágrimas en los ojos. —¡Víctor, deja de seguirme, ya te dije que lo nuestro no pueden ser! —responde la castaña sin dejar de caminar. —¡Pero yo te amo y no quiero que me dejes! —dijo entre lágrimas. La pareja llega a la sala. —¡Pero entiende que somos primos y nuestro amor es inaceptable! ¡Hemos cometido un terrible pecado! —recalco la castaña deteniéndose y volteando a ver a Víctor que en este preciso momento está roto por dentro. El señor Harris, al ver a que ella está muy decidida a dejarlo, se arrodilla frente a ella. —Por favor no me dejes —le ruega abrazando sus piernas como si fuera un niño pequeño. —Lo siento, pero no puedo —fue lo último que ella dijo y salió corriendo haciendo

