Había un banco de madera en el cual se sentó por unos minutos, quería respirar el aire de esa noche, meditar, o como bien decía Rose, hablar el solo. El problema no era Nicole, no era Greta el problema era el, sabia lo correcto, lo malo, lo bueno, lo que era lealtad, sus padres le habían dado los valores sólidos.
Le gustaba la chica no podía negarlo, Greta era serena y cálida, no estaba forzando nada, ni muchos menos lo buscaba, en otros términos, Greta en ese instante estaba en su hogar tranquila ajena a las cosas que le estaban sucediendo, con ella sentía que podía hablar de sus próximos sueños, de lo que quería hacer, solo platicaban de cosas en común, bien lo decía mamá comienzas sintiendo afinidades, empatías, regresas a casa y deseas tener unos días felices, pero surgen esas pequeñas cosas, dando a entender que las cosas no están bien, no se había casado para destruir su vida, lo había hecho enamorado, decidido a tener un hogar como el de sus padres, era seguro que su madre habría lidiado con situaciones.
La miró allí sonriendo, tomando su copa de vino con calma, siempre serena, mamá había hecho muchos sacrificios por ellos, siempre con ellos a todas partes, al inicio el café prácticamente funcionaba 12 horas, mamá se las arreglaba para llevarles al colegio, atenderlos, mientras papá horneaba temprano para luego irse a trabajar, recordaba las noches en que la lluvia se colaba por algunos lugares de casa, ellos habían construido una familia, papá trabajando en dos lugares para lograr el sueño que tenían, cuando terminaron la casa la alegría había sido inmensa, cada logro fue un festejo.
Ya sentado en su auto la veía aun, mamá siempre tenía un destello hermoso, un destello de luz.
Colocando su auto en marcha se fue a casa, sería otra noche que pasaba y un nuevo día que llegaría.
Las copas hicieron sus sonidos al instante en que las tres amigas brindaban, ya estaban con toda la noche por delante para ellas solas.
-Bien Rose, algo pasa, pude notarlo-. Gigi encendía su cigarro, tomando algo de distancia a unos pasos de ellas.
-Sí, todos están como desorientados, Lauren es la más cuerda, Lili sé que algo me oculta, pero, ya sabes querida es la gran tarea de ser madre, los miras, sientes en tu corazón cuando les ves los rostros que te dicen alguna que otra mentirilla pero no eres tonta, te haces un poco para no colocarles en alerta, al final siempre se quebrarán y entonces, solo entonces abres tu boca, no para decirles que deben hacer, solo les muestras el camino, y lo iluminas un poco, ellos entonces verán claramente-.
-Por Dios! Rose deberías darme clases, yo con Robert a duras penas puedo indicarle una vela-. Mery le miraba con grandes ojos, mientras Gigi reía a carcajadas.
-Siempre fuiste la única lucida de las tres-.
-Por eso Tom se enamoró de ti-.
-Amores, somos amigas hace años, tu Rose fuiste la primera en casarte, luego Mery, y yo solterona como ven, pero con mis muñecos hermosos, he tenido amores lindos, divertidos, y nadie quiere casarse-.
-En parte porque te dedicaste a lograr el sueño de tu vida, vives volando de aquí para allá, de allá para acá-.
-Sí exactamente, aunque este lugar me encanta, la casa de mis padres es un lugar con muchos recuerdos para mí, tantos que, aunque tengo buenas ofertas no quiero dejarla en manos de nadie-.
- ¿Y tu apartamento de Nueva York? -.
-Le estoy haciendo algunas remodelaciones, allí tengo que ir por trabajo, me encanta también, aunque no puedo negar que este es mi lugar, me siento libre-.
-Yo quiero contarles- Mery tomaba aire profundo- Estoy saliendo con Lenin, hemos pasado varias noches llenas de fantasías exóticas, y no pienso dejar mi relación con él, aunque soy algo mayor, seguiré en esta locura a donde me lleve-.
-Le llevas solo cinco años- Rose le miraba fijamente.
-Oh… Lenin, el que pretendía a Rose, ¿O saliste con él? Di la verdad-.
-Salíamos todos los días, yo hacía café, pan, y huevos, siempre le servía en la misma mesa, ya saben dónde está ubicada-.
-Rose… era una broma-. Gigi, se acercaba a Mery.
-Imagino que te estas enamorando, es sexy no se le puede negar, yo estoy volviéndome loca con mi conductor, quiere tener una relación seria, formal, llevarme donde su madre, tengo 50 años recién cumplidos, y el 45, es muy chico para mí, pero les aseguro que tenemos química, pasión, y algo más-.
-Cuestión de decidir-. Rose le quitaba el cigarro de la mano apagándolo.
-Oye no apagues mi cigarro, fumo cuando tengo asuntos pendientes entre manos, en estos días apareció Gary, quería que tomáramos una decisión, ya saben tenemos algunas propiedades en común, y quiere vender, comprará un terreno para un proyecto que tiene-.
-Creo que aún le sigues gustando-. Mery hizo unas porras por su amiga.
-Gary solo es trabajo, trabajo...ha ido en las noches a buscar algunas cosas que aún tiene por ahí, documentos nada más que eso-.
- ¿Y no te ha hecho alguna insinuación? -.
-Si varias, de hecho, la última vez le dolía la cabeza, se recostó un poco, yo…tome mi bata de seda roja, le desfile con sensualidad, aunque solo fue para alcanzarle la pastilla y el agua- Gigi caminaba enseñándoles sus pasos seductores. Las risas no se hicieron esperar y la noche transcurría entre cuentos, chistes, el reloj marcaba las tres y media; Hora en que se abrazaban despidiéndose, Gigi había tomado varias copas, su conductor le ayudaba a subir al auto, mientras tomaba su abrigo, bolso, y se despedía junto a Mery. Una excelente noche de amigas y copas que era necesaria.
Rose entraba en casa, asegurando la puerta principal, cerraba la puerta del jardín y colocaba su alarma, era hora de ir a dormir, pero sería difícil pues estaba tan despierta como si fueran las seis, basta decir que era muy activa, hacia deporte dos a tres veces por semana, salía a correr, a veces andaba en bici. Su teléfono repicaba…
-Buenos días-.
-Buen día querida Rose, perdona la hora, pero estaba aquí en el balcón de mi habitación, mirando la ciudad, y pensé justo en ti-.
- ¡Víctor! Que sorpresa-.
-Y… ¿No te funcionó acaso contar ovejitas para ir a dormir?
-Hoy me reuní con mis hijos a cenar, se marcharon y nos tomamos unas copas con Gigi, y Mery, así que podrás imaginar-.
-Es bueno, pasar tiempo con los buenos amigos es grato-.
-Y... ¿Dónde estás? -.
-Estoy en Pensilvania, me escapé por dos días, pero a mi regreso, te invitaré a un lugar maravilloso, lleva una pequeña maleta, te hare reserva de habitación, es un lugar al aire libre encantador, regreso a Italia en una semana posiblemente, así que antes de irme quiero poder compartir una cena contigo, si te gusta ver un amanecer entonces no te lo perderás-.
-En la semana tengo mucho pan que hornear-.
-No te preocupes, iremos viernes en la tarde y te prometo devolverte a casa el sábado en la tarde, eso sí después de un buen café, yo invito el café, ¿Qué te parece?
-Pues como no podré esconderme de ti, acepto-.
-Querida Rose, mi invitación a Italia sigue en pie-.
-Gracias es muy amable de tu parte-.
-También cambié de look-.
- ¿Es en serio? -.
-Sí, me contagiaste de esas cosas que sientes te invaden, un cambio en mi barba, corte de cabello, ya sabes, cambios a bien-.
-Sera toda una sorpresa, espero reconocerte-.
-Jajaja, No quedé como el príncipe de Asturias, pero si como todo un noble, mi señora-.
Rose reía con las ocurrencias de Víctor, colgaron deseándose un buen día, se lavaba la cara, secándose su rostro se dispuso a dormir, porque en contadas horas el sol saldría por algún rincón.
El sueño terminó ganando la partida.
El despertador sonaba dando las nueve de la mañana, Rose abría los ojos con calma, los domingos solía despertar a esa hora, un domingo descansaba, otro iba al café, justo ese domingo descansaría, por fortuna habían contratado a la señora Collins para que los domingos trabajase en el café, igualmente solía hacerle los descansos a Mely.
Mely salía a las dos de la tarde, aunque siempre hacía tiempo para irse a las cuatro, siempre se hacia la pregunta porque no tomaba su turno y salía temprano.
Salía de la cama para darse una ducha fresca, el agua la revivió y renovó, se colocaría unos vaqueros, camisa de manga larga y su pañoleta roja con tonos floridos. Terminando de maquillarse un poco, y camino a la cocina, su timbre en ese instante sonaba, lo cual la dejaba algo inquieta.
Abriendo la puerta solo pudo pensar en una sola cosa, alguno de sus hijos con alguna densa historia se aparecía en su puerta. Pero sorpresa mostró su rostro cuando nada menos y nada más, estaba Charles, vestido deportivamente, con una bolsa en manos, sonriente, diciéndole que era la hora del desayuno. ¡Estaba sin palabras! Totalmente sin palabras.