—¿Cómo es que te vas a ir Jeral? Una desesperada Rosita mira que su esposo empaca todo con una sola mano ya que la otra la tiene vendada. —Si, me voy Rosita ¿Acaso eres sorda? Habla Jeral con la poca paciencia que tiene y mira el brazo donde reposaba su mano meses antes, ahora es un indiscapasitado con una sola mano y todo por culpa de una maldita mujer que nunca debió de ponerle un dedo encima. —No, no te puedes ir Jeral ¿Qué van a pensar de mi? ¿Qué me abandonaste? Dice ella mirando a todas las direcciones desesperada. —Poco me importa lo que la gente piensa de tí, además todos saben que estás detrás del marido de tu hermana… ¿Acaso no es por eso que tomaste el trabajo de limpiadora? Dice el hombre con poco interés mientras toma todo lo efectivo de una caja fuerte. Se va a largar

