Francessca
La melodía Moonlight de Beethoven inundó mi habitación, no pude evitar sonreír al ver la pequeña cajita musical que producía tan bello sonido y de ella una pequeña bailarina danzaba de una lado otro con gracia y belleza, recuerdo que fue un regalo de mi madre cuando cumplí doce años, ella creía que era como esa bailarina, tan pequeña y delicada que hasta el más insignificante rasguño podría dañar su belleza, por eso no dudó en comprarme tan hermoso detalle y desde entonces lo atesoro con todo mi amor.
Una vez que la melodía hubo finalizado cerré con cuidado la cajita y la coloqué en una enorme caja de cartón, eché un último vistazo a lo que había sido mi habitación durante toda mi vida, un extraño sentimiento de nostalgia invadió mi pecho al saber que no volvería a esta casa dentro de un largo tiempo.
—Franny cielo —llamó mamá con lágrimas en los ojos en cuanto me vio bajar las escaleras, sin dudarlo corrí a sus brazos refugiándome en ellos como cuando era una niña.
—Vamos, no llores —dije con una sonrisa —. Estaré bien, no es como si fuera a irme para siempre —bromeé.
—Pero la casa no será la misma sin ti cariño —esta vez fue mi padre quien se unió a nuestro abrazo —. ¿Es necesario que vayas a Nueva York? Tú y tus ideas de ser abogada —mamá rodó los ojos ante la típica frase de mi padre.
—Saben que siempre ha sido mi sueño y no me daré por vencida cuando he llegado tan lejos —dije con seguridad.
—Está bien —respondió papá con cansancio —. Pero si cambias de opinión sabes que puedes volver.
—Eso no pasará.
Efectivamente, hoy me mudaba de mi pequeña ciudad para dirigirme a Nueva York, después de tres largos años de estudios y sacrificios, por fin estaba a punto de convertirme en abogada, pero para demostrar de lo que estaba hecha tenía que realizar mi pasantía estudiantil lejos de casa y para mi fortuna, logré que el mejor despacho de Nueva York me aceptara como becaria y con suerte quizás en algún día podría convertirme en abogada junior y formar parte de uno de los despachos más reconocidos de Nueva York.
—Gracias a ambos —susurré mientras los abrazaba de nuevo —. No tienen porque preocuparse, además Adler y Owen viven cerca de Nueva York —dije tratando de tranquilizarlos al mencionar a mis hermanos.
Era duro para ellos dejar ir a su única hija.
—Y también Varick estará allá —mencionó mi madre con un cierto toque de picardía.
No pude evitar sonreír al escuchar su nombre e instintivamente miré mi mano izquierda donde reposaba un fino anillo de compromiso.
—Sí, él estará ahí —confirmé sin dejar de mirar el anillo.
—Recuerda que una vez que termines allá, nos encargaremos de los planes de la boda —recordó mi madre.
No pude evitar reírme ante su euforia, al parecer ella estaba más entusiasmada por mi boda que yo, en realidad no es que no quiera a Varick, al contrario creo que es un hombre maravilloso con el cual deseo pasar el resto de mi vida, pero por ahora mi prioridad es convertirme en abogada. Coloqué los últimos libros sobre la caja que se encontraba sobre la mesa de la cocina, esta era la última caja que faltaba por subir al auto. Estaba a punto de abrir la puerta cuando mi cuerpo se impactó contra alguien.
—¡Varick! —Dije sorprendida al verlo frente a la puerta de mi casa.
Se suponía que él se encontraba en Nueva York ¿qué hacía aquí?
—Hola mi amor —saludó al mismo tiempo que posaba sus labios sobre los míos.
—¡Que sorpresa! —No pude ocultar mi emoción al verlo, hace más de una semana que no nos veíamos y lo había extrañado bastante —¿qué haces aquí?
—¿Cómo qué que hago aquí? Vine a llevarte a tu nueva vida —nuevamente no disimulé mi sorpresa, si había alguien que conocía a Varick esa era yo, sabía perfectamente que él odiaba venir a esta ciudad, así que, me sorprendió que viniera por mí.
—¡Varick! ¡Que sorpresa! —saludó mi madre al verlo.
—Hola Mary —Varick saludó a mi madre con un beso en la frente, él era como un hijo más para ella.
—Buen día Varick —saludó mi padre mientras estrechaba fuertemente su mano.
—Buen día Lowell —Varick aceptó la mano que le ofrecía mi padre, al parecer les había agradado la presencia de mi prometido, a veces pienso que lo quieren más a él que a mí, hasta mis hermanos lo quieren más.
—¿Ha qué has venido muchacho? —Quiso saber mi padre.
—Bueno, hoy es el día en que Franny comienza su nueva vida en mi ciudad y ¿qué clase de novio sería si no viniera a ayudarla?
—Es muy dulce de tu parte cielo —comentó mi madre.
—No debiste molestarte —pero antes de que pudiera protestar, Varick colocó sus manos sobre mis hombros.
—Cielo, no es ninguna molestia ¿cómo podría serlo la mujer de mi vida? —Y con esas palabras mis piernas se volvieron gelatina, en realidad amaba a este hombre —. ¿Vamos?
Varick me ayudó a empacar las ultimas cajas y después comenzó a subirlas al auto, mientras él continuaba con su labor aproveché los últimos momentos para despedirme de mis padres y una vez que cesaron las lágrimas y las palabras de despedida subí al auto para emprender mi nuevo camino.
[...]
Miré por la ventana como dejábamos Minessota atrás, recuerdo que desde que llegamos a vivir aquí, este lugar se volvió mi segundo hogar después de Londres, mi familia era inglesa, pero gracias al trabajo de mi padre nos tuvimos que mudar a la unión americana, papá consiguió un trabajo como profesor en esta pequeña ciudad. Minessota es pequeño y tranquilo, era perfecto para cualquiera que le gustara la vida fuera de las grandes ciudades, pero no para Varick, él odiaba tanta paz y tranquilidad, él siempre estuvo acostumbrado al bullicio de las grandes ciudades, aún no sé como es que congeniábamos tan bien.
Recuerdo que él llegó de Alemania como el nuevo alumno de intercambio a mi universidad, fue ahí en donde nos conocimos, no pude evitar sonreír ante aquel recuerdo, Varick mantenía la mirada fija sobre la carretera ajeno a mis pensamientos de adolescente enamorada. Él y yo comenzamos a salir y después de tres años de relación, por fin ambos decidimos dar el siguiente paso en nuestra relación. Matrimonio.
Y lo amaba a pesar de que nuestra relación no se encontrara en su mejor momento.
Después de todo, la distancia y la rutina, se habían encargado de desgastar poco a poco la pasión que hubo en un inicio; sin embargo, estaba convencida de que mudarme a Nueva York contribuiría en que todo volviera a ser como antes entre nosotros.
Varick es un hombre atractivo, su cabello es dorado al igual que el sol, su barba siempre estaba bien afeitada y las gafas que siempre usaba le daban un toque de intelectual sexy.
Teníamos mucho en común, nuestra carrera era una de ellas, él era un reconocido abogado en Nueva York y trabajaba en su propio bufete, Varick me había ofrecido trabajar para él; sin embargo, rechacé su propuesta, ya que, yo quería conseguir trabajo por mi propia cuenta y no con la ayuda de Varick, ese no era mi estilo. Pasamos al lado del lago en el lugar en donde solía venir a pescar con mi padre, había tantos recuerdos en este lugar que no puede evitar sentir nuevamente el sentimiento de nostalgia en mi pecho.
—Todo estará bien —susurró Varick mientras dejaba un cálido beso sobre mis nudillos, me limité a asentir.
No sé cuanto tiempo estuve dormida, pero cuando desperté las luces de la ciudad de Nueva York nos recibieron, al parecer me había dormido durante todo el camino, no pude evitar sonreír. Por fin estaba aquí a punto de iniciar mi nueva vida.
—¡Es maravilloso! —Exclamé en cuanto bajé del auto.
Un piso de piedra nos recibió junto al lado de una cafetería adornada con unas cuantas mesitas para tomar café, el lugar era maravilloso, limpio y tranquilo simplemente era el lugar perfecto para vivir.
—Espera la mejor parte —sonrió Varick mientras me dirigía hacia las escaleras para subir al departamento.
Él tenía razón, efectivamente el lugar era maravilloso, podría decir que el departamento de Varick era el lugar más acogedor y cálido que había visto, las paredes color crema hacían que la luz resaltara cada rincón, mientras que los muebles color chocolate le daban un toque profesional y varonil, quien diría que mi novio tenía buen gusto en decoración.
—¡Bienvenida a casa preciosa! —Varick me rodeó con sus brazos mientras besaba en mi sien.
Mi corazón comenzó a acelerarse en cuanto escuché esas palabras, había accedido a vivir con Varick en cuanto viniera a Nueva York, esa sería una excelente oportunidad para convivir antes de la boda, solo faltaba titularme como abogada y por fin mi sueño estaría completo.
No descansaré hasta ver todas mis metas cumplidas.