Tadeo se acerca a ella y la toma, no tarda ni un segundo en oler su abrigo y sonríe complacido, queda fascinado con su olor, huele muy bien y de hecho huele lo mismo que huele la ropa de ella, eso le gustó aún más, tanto que lo hizo sonreír de una manera muy tierna. –Si te invitara a salir conmigo, ¿aceptarías? –preguntó con una voz muy suave, dando un paso más, acercándose lo suficiente a ella para ponerla nerviosa. –No sé si recuerdas, pero la única vez que hemos salido yo me había fugado de mi casa y corrí el riesgo de ser castigada, así que... –divaga muy nerviosa, evadiendo su mirada. –Lo sé... es solo que... –levanta su mano y acaricia su mejilla, Ana se sonrojó, fue imposible no hacerlo después de todo sigue siendo solo un adolescente aprendiendo a conocer el mundo y su cuerpo. –

