Tan pronto como llegaron a casa, el padre de Ana ya estaba ahí. Ana tenía una especie de shock por todo lo que había pasado, a pesar de que su mano seguía hinchada y ya no podía sentir el dolor de su mano, ni de su herida en la frente, o siquiera la de su brazo. Ana aún estaba tan asustada por lo que había pasado en el bosque que no podía pensar en otra cosa más que en Cristofer siendo lanzado por ella contra un árbol y aún caminando como si no hubiera pasado nada. –no has dicho ni una sola palabra desde que salimos del bosque, ¿dime qué es lo que pasa contigo? –preguntó su padre al verla recostada en su cama con su brazo y mano vendadas. –déjala descansar tuvo un mal día, es normal. –dijo su madre llegando a tiempo para rescatarla de los regaños y reproches de su padre. –¿un mal día?

