Salí de aquella playa sumido en el peor sentimiento que hubiera tenido jamás. La rabia me consumía por mi extrema estupidez al pensar en la posibilidad de que ella me pudiera querer, al menos un poco, al menos algo. Pero estaba claro que yo no le interesaba en absoluto. Me embargaba un sentimiento de pérdida inusual, porque a fin cuentas, ¿qué más daba no tenerla a ella si podría tener a cualquiera? sin embrago ¿por qué ese pensamiento ni siquiera conseguía consolarme? Hasta ahora, jamás me había visto en tal encrucijada. Sometiéndome ante una sola persona y donde mi mente solo podía pensar en dos opciones ¿debía seguir insistiendo en volver a verla? o en otra más coherente dado el resultado ¿alejarme lo máximo posible de ella, desde ahora y para siempre? Mi corazón sobrecogido casi me

