La típica cuestión.

1745 Palabras

Sí, lo admitía, mi humor no estaba para nada que no fuera centrarme en mi mayor distracción habitual. Me ocupé de revisar toda la información actualizada que Henry me enviaba desde Londres, comprobando, que no tenía que dar pie a los temores sobre su dirección en mis antiguas oficinas. Todo parecía ir viento en popa y era un motivo para alegrarme a pesar de llevar aquel día tan pesaroso. Una parte de mí se sintió tentado de olvidar el desenlace de la pasada noche y consolarme nuevamente en brazos de la tierna Gabriela, que seguramente estaría dispuesta a pasar un buen rato, pero... Sí, hoy había un pero, y era, ante todo, el hecho que no me considerase una buena compañía en aquel momento. Su recuerdo estaba vivo en cada uno de mis pensamientos. Todas y cada una de las partes que la

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